Nahuel Pérez Biscayart, el actor que aprendió a sobrevivir en otras lenguas

      El actor argentino Nahuel Pérez Biscayart saltó a la fama con el cine francés, pero también es capaz de desenvolverse en inglés y alemán. Las lenguas extranjeras forman parte de su manual de supervivencia.

      Con poco más de 30 años, Nahuel Pérez logró el César (el Óscar francés) al mejor actor con su papel en  "120 latidos por minuto" (2017), una película sobre la comunidad gay francesa y el sida que logró el Gran Premio en Cannes.

      Tras la pausa obligada por el covid-19, ahora vuelve a las pantallas en Francia con "El  profesor de persa", una película rodada en 2019 por el director de origen ucraniano Vadim Perelman, sobre el Holocausto.

      Para sobrevivir en un campo de concentración, un joven judío se hace pasar por persa, cuya lengua deberá inventarse para enseñarla a sus guardias nazis.

      Y como sobrevivir parece ser su especialidad, Nahuel Pérez volverá a protagonizar una película angustiosa, sobre los rehenes que lograron escapar con vida en los atentados islamistas del 13 de noviembre de 2015 en París.

      "Me excitaba la idea de interpretar el miedo, el verdadero miedo a morir, cómo iban a atravesar mi cuerpo esas emociones", explicó a la AFP en una entrevista en la que no deja traslucir casi ningún acento en francés.

      Hablar en otras lenguas no le supone ningún miedo. "Cuando hablas en una lengua extranjera también estás interpretando", razona.

      Empezó haciendo televisión en Argentina, pasó a hacer teatro en Nueva York. En 2010, a su llegada a Francia, logra el papel de vagabundo que habla su propia lengua inventada en "Au fond des bois" de Benoît Jacquot.

      Durante las pausas del rodaje mejoraba su francés conjugando verbos en una servilleta.

       

      - "En tránsito" -

       

      "La lengua francesa es un disfraz, un disfraz que me sienta bien", explica.

      Interpretar en una lengua extranjera "libera tantas cosas... Permite transmitir estados de ánimo, emociones, que serían mucho más complicado experimentar en español, porque hay mucho más discernimiento, la historia es mucho más larga en tu lengua materna".

      El francés "es una lengua que no me pertenece, y eso es liberador", insiste.

      El inglés lo aprendió "en cinco meses, ocho horas al día", luego vino el alemán. Y en Buenos Aires se puso a estudiar "el ruso y el chino" a ratos perdidos. 

      Rodar en chino sería "un disfraz más, para ir más lejos", asegura, sin miedo.

      En inglés reconoce que aún no ha hallado "su personaje", aunque no desespera de hallarlo algún día.

      Nahuel Pérez Biscayart se ve "en tránsito", tanto en Francia como en otras partes del mundo. Y rehúsa hacer planes.

      "No tengo ganas de actuar eternamente, hay que hallar la energía para renovar el contrato, para no convertirse en un ser amargo", explica.


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