Cuando la fe da color a los lienzos
La obra de Sheila Lichacz es un culto a lo divino. Refleja la perseverancia de esta artista nacida en Monagrillo, que por razones de estudio, trabajo y familia ha recorrido el mundo y superado con éxito más de una docena de comprometedoras cirugías para extirparle tumores malignos en el cerebro.
Lichacz está entre los 25 monagrilleros más destacados de los últimos cincuenta años.
Desde el 14 de agosto de 1964, cuando estudiaba en Estados Unidos, conoció a John, su esposo e inseparable compañero.Su obra está llena de conchas de mar, arena negra, pintura, restos de tinajas panameñas; piezas con cientos de años que ha ido recolectando desde que comenzó su vida como artista.Confesó que quiere dejar un legado, con un impresionante trabajo que se inspira en lo que ella define el poder milagroso de Dios para salvarle en infinidad de ocasiones la vida.Su casa en Punta Paitilla, es un galería de arte donde todos los meses aparecen decenas cuadros y obras que espera se puedan exhibir en la próxima Cumbre Mundial de la Juventud del año 2019 en Panamá.“Yo soy un milagro” repite una y otra vez, tras confesar que su obra, la cual espera sea parte del legado cultural del país, no está en venta.Con orgullo confiesa que tiene cuatros colgados en el Santo Sepulcro y aquí en Panamá en el Tribunal Electoral y la sede del Parlatino. Su devoción es tal que no deja de asegurar que tiene apariciones de la virgen, lo que refuerza su fe y las ganas de vivir.
JAMES APARICIO
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