Director mexicano huye de estereotipos en “Morro”, un soplo de esperanza frente a la violencia
El cineasta mexicano Rodrigo García Saiz presentó su segundo largometraje, “Morro”, en el Festival de Cine de San Sebastián, una historia de esperanza en medio de la crueldad del narcotráfico protagonizada por dos personajes heridos: un veterinario en duelo y el perro de un capo local.
Según dijo García Saiz a la AFP, le llamó la atención la “devoción” que sienten los capos de la droga por sus perros. “Claro, los animales no juzgan, ¿no? Son muy fieles, muy honestos, muy puros”, comentó, destacando la dicotomía de “tener a un amo (...) sanguinario, versus una persona noble”.
Con el vínculo que se forma entre Mateo, interpretado por Gustavo Sánchez Parra (Amores Perros) y Morro, el realizador buscaba “dar un poco de esperanza” y mostrar “cómo la ternura y el amor pueden ser una medicina para estos tiempos violentos”.
“El problema del narcotráfico en México bastante importante, sin embargo, yo quería poner foco en lo que sobrevive ahí, en estas personas que después de esta tormenta siguen sosteniéndose de pie, siguen luchando a pesar del dolor”, explicó el cineasta de 47 años en la ciudad del norte de España.
“Morro” es la segunda película de García Saiz, después de “Lluvia” (2024). La presentó en la sección New Directors (Nuevos Directores) de esta 74ª edición del certamen donostiarra, en el que competirá por tres premios.
El filme fue rodado en formato analógico en 35 mm, que da a este sombrío tema una luz distinta y unos colores muy vivos, que ayudaron a García Saiz y a su equipo a huir del “estereotipo” de las películas de narcos, a menudo en “zonas desérticas, deslavadas, áridas”.
Según explicó, él buscaba ofrecer “ese otro mundo que hay dentro de ese contexto”, el de la gente que, pese a la violencia, continúa con sus vidas y trata de mirar hacia adelante a pesar del dolor.
“Este problema es pa’ siempre”, afirma en un momento de la película Poncho, un joven miembro de una banda, visiblemente resignado.
La pareja que Poncho, interpretado por Ernesto Meléndez, forma con la adolescente Isabel (Anna Díaz) “representa un poco la desesperanza y el olvido de que juzgamos mucho a estos chicos que desafortunadamente caen en estas redes pero, al mismo tiempo, no tienen otra salida de vida”, indicó el director.
La película se grabó en Singuilucán, un municipio del estado de Hidalgo, a dos horas y media de Ciudad de México, pero en la película no se especifica porque se trata de “un problema que, desafortunadamente, sucede en muchos lados”.
- “Personas que sobreviven” -
En las ocho semanas que duró el rodaje, la gente del pueblo “nos abrió las puertas de su corazón, se involucraron, se volvieron parte de esta locura llamada ‘Morro’ y todos ayudaban, nos invitaban a comer a las casas”, contó García Saiz, precisando que la mayoría de los actores de la película son “naturales”, no profesionales.
Sin embargo, para el personaje de Mateo sí que tenía claro que deseaba contar con Gustavo Sánchez Parra, quien “tiene un registro hacia la contención que era lo que yo buscaba, como una olla express que está a punto de explotar constantemente pero que se contiene”.
Pero, quizá, el mayor reto fue trabajar con el perro Morro (se llama así en la vida real), que acompaña a Sánchez Parra en casi todas las escenas y con quien se acabó forjando un verdadero vínculo.
Trabajar con el can “fue increíble, algo muy mágico”, aseguró el director, que quiso apostar por “un perro de campo, no entrenado”, pues “los perros deben de actuar de perros, no de otra cosa”.
“Aprovechábamos mucho sus miradas, sus reacciones, estábamos muy atentos”, explicó.
Con una de esas tiernas miradas, precisamente, empieza el filme, consiguiendo atrapar al espectador desde el principio de la historia.
Pero, para sus próximas películas, García Saiz explorará otros temas, dice. México es mucho más que violencia.
“Ya sabemos el problema, lo vivimos, convivimos, enseñamos la sangre todos los días y lo único que hemos hecho es volvernos poco empáticos”, consideró, denunciando una “frialdad y una normalización que a mí no me interesa fomentar”.
“Lo que me interesa es ver a estas personas que sobreviven a eso, cómo sobreviven y cómo salen adelante con un poco de esperanza donde aparentemente no hay”.