Cultura

Marcos Morau, el coreógrafo español que deslumbra en los teatros de Europa

17 de marzo de 2026

Con París, Berlín y Ginebra en la agenda, el coreógrafo español Marcos Morau lleva sus espectaculares creaciones, que suelen mezclar imagen, danza y teatro, a los escenarios más prestigiosos de Europa.

El artista valenciano presenta, hasta el 28 de marzo, su primera colaboración con la Ópera de París, el templo de la danza clásica, una disciplina que no es habitual en sus proyectos. Y después viajará a Alemania y Suiza con otras producciones.

“Aunque mi mundo es la danza contemporánea, me gustan los retos”, explica en una entrevista con AFP en uno de los camerinos de la célebre institución, en el centro de París, horas antes del estreno de “Étude” hace unos días.

“A los creadores nos gusta vernos fuera de la zona de control. Es el lugar donde realmente podemos bucear y podemos encontrar cosas nuevas, aprender también de lo otro”, afirma el coreógrafo de 43 años.

En “Étude”, una treintena de bailarines, en tutú y diademas en tonos “nude”, danzan alrededor de una barra de ballet circular y luego bajo una inmensa lámpara, réplica de la araña de la ópera.

“La pieza es un viaje, un ensayo de la vida de una bailarina, desde el momento en el que saluda al público, se despide de la audiencia y todo lo que le pasa por la cabeza”, explica el creador, de pelo castaño y aretes en las orejas.

- Como “muñecos” -

Los bailarines siguen movimientos de danza clásica pero también se contorsionan y sacuden sus cuerpos con gestos más bruscos.

Morau busca con esta combinación sumergirse en el mundo clásico “bajo una mirada un poco más contemporánea y donde el ritmo y la organicidad del ballet están interrumpidos constantemente”.

A este coreógrafo le gusta desmenuzar el movimiento como para reinventarlo.

Con la compañía que creó hace dos décadas en Barcelona, La Veronal, propone proyectos donde mezcla danza, teatro, cine, fotografía o literatura. Con este colectivo estableció un código de movimiento, el método Kova, con el que intentan “disociar la organicidad del cuerpo” y “ser capaces de poder mover una parte del cuerpo como si fuésemos muñecos, como si fuese un movimiento artificial”, explica.

En el teatro de Châtelet, otro gran escenario parisino, Morau mostrará “Afanador”, del 27 de marzo al 2 de abril, una producción con el Ballet Nacional de España que rinde homenaje al fotógrafo colombiano afincado en Nueva York Ruvén Afanador y a su obra sobre el flamenco.

El artista valenciano, cuya formación de base es la coreografía, la fotografía y el teatro, revisita con esta pieza el flamenco con toques queer, en una puesta en escena en blanco y negro.

- “Estigma” -

“La fotografía siempre está presente en todo lo que hago porque tiene mucho que ver con la composición y con lo que las imágenes cuentan y cómo se compone una imagen, el equilibrio, el desequilibrio, la profundidad, el color, la tensión entre sus elementos”, explica Morau.

El resultado son espectáculos con una marcada línea visual, que van más allá de la danza y son como “una instalación”, en palabras del creador.

Este acercamiento al flamenco, un lenguaje que tampoco es habitual en él, es posible gracias a su mirada “completamente abierta y desacomplejada”, admite, que no está ligada a una trayectoria de bailarín.

“Desde que empecé, siempre he tenido que lidiar con mi estigma de no ser bailarín y he conseguido con los años convertir este estigma en un valor añadido”, dice. “Me siento libre para poder hacer lo que quiera”.

En abril, el prestigioso Staatsballett Berlin interpretará su “Wunderkammer” (“Gabinete de curiosidades”), sobre la vida nocturna berlinesa desde los años 1930.

Y un mes después, en Ginebra, estrenará su creación “Svatbata” (“la boda” en búlgaro), sobre el distanciamiento entre lo humano y la naturaleza.

“Ahora mismo, a mí me salva lo que hago, me salva el arte, me salva la creación”, reitera Morau al hablar de esta profusión de proyectos en los mejores teatros europeos.

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