Panamá: Una fábrica para formar cinturones negros de karate
Es un arte marcial que une adeptos a sus filas desde hace más de cincuenta años en el país. Originario de Japón, el karate se asentó con fuerza en Panamá a través de numerosos dojos en los barrios de la capital.
El ascenso es el objetivo de cualquiera que ingrese a una academia. El proceso para llegar a la cima va desde el cinturón blanco hasta el negro, lo que se traduce en al menos ocho años de disciplina, fuerza, consistencia y, sobre todo, madurez. Este último punto deberá analizarlo el maestro en su discípulo.
“En Panamá existen unos 40 cintos negros juniors, que van de los 14 años hacia abajo en todas las academias que participan en los campeonatos nacionales”, reveló Eduardo Frías, maestro en la modalidad shotokan.
Otorgar el máximo grado en el karate requiere de una minuciosa evaluación por parte del instructor, figura que al final determina quien sube de rango o cambia de cinta en el dojo.
Es este lugar, el costo promedio para practicar la disciplina marcial ronda los 25 dólares en el rango más accesible y $100 mensuales entre los costosos. Si hablamos de convertirse en un ‘black belt’, el discípulo deberá pagar por su graduación entre 75 y 200 dólares.
“La evolución de un niño se mide a través de los exámenes de pase, en los cuales el alumno puede demostrar el dominio de técnica, velocidad, actitud en el combate y despliegue en la ejecución de movimientos en kata y formas”, explicó el octavo dan shotokan, Luis Pereira, además expresidente de la Federación Panameña de Karate.
De acuerdo a Pereira, a nivel nacional existen unos 400 cinturones negros en los estilos de goju ryu, shotokan, wado ryu, shito ryu, kempo y shorinji ryu.
“Para mí no es correcto otorgar un rango tan alto a un niño, porque ellos deben avanzar con el conocimiento y el crecimiento corporal. Una edad óptima es a los 17 años, cuando se alcanza un buen nivel de destreza”, sentenció el karateca más longevo de Panamá, con 64 años.
Esta visión es compartida por el sensei quinto dan del estilo goju ryu, Eliécer Berroa Loo, quien ha forjado expertos en Chiriquí desde hace 28 años.
“Pienso que no es bueno. Ascender a los niños a cinturón negro no es recomendable porque ellos todavía no pueden asumir esa responsabilidad”, dijo Berroa Loo.
La maestra Daniela Erminy, cuarto dan en shotokan, prefiere ofrecer la promoción a sus discípulos juniors, pues, asegura que “de esta forma ven en el ascenso el reconocimiento al esfuerzo que han demostrado por ochos años, tiempo suficiente para ser un cinta negra”.
“Cuando crezcan deberán revalidar su cinto con nuevas y avanzadas técnicas, además de katas”, agregó Erminy.
Aileen Maure, de 13 años de edad, es uno de esos casos. Ostenta el cinto negro junior y ha ganado cinco torneos consecutivo. “Tiene muy buen nivel”, dice el cuarto dan Eduardo Jaén, padre y maestro de Aileen.
Edwin Raúl Pérez
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