Panatta, convencido de que Sinner le sucederá en Roland Garros 50 años después
Último ganador italiano en Roland Garros, en 1976, Adriano Panatta está convencido de que Jannik Sinner levantará la Copa de los Mosqueteros el próximo 7 de junio y acabará con un maldición que dura ya medio siglo.
Hace poco más de una semana, Sinner ya conquistó el torneo de Roma, convirtiéndose en el primer italiano en ganar en casa desde... ¡un tal Panatta en 1976!.
"Ya no escucharé a la gente decirme: 'Hace 50 años que no ganamos en Roma o en Roland Garros'. Ahora hay un italiano que va a poder ganar los dos torneos en el espacio de unos pocos días", se felicitó Panatta en una entrevista a la AFP en el marco de la prueba romana.
La leyenda italiana está convencida de que el actual número 1 del mundo completará su colección de títulos de Grand Slam en ausencia del doble vigente campeón Carlos Alcaraz, lesionado, al que sucedería en el palmarés del torneo parisino, exactamente 50 años después de su triunfo.
"Es el prototipo de la generación actual, es un gran campeón, un 'fuoriclasse', como decimos en Italia, un jugador fuera de serie", admira Panatta.
- Once bolas de partido -
Aunque ve a Sinner batir muchos récords, incluidos los 24 títulos de Novak Djokovic en Grand Slam, el ex número 4 del mundo no oculta que "no se reconoce en el tenis actual".
"Como la pelota va más rápido, los jugadores de hoy tienen menos tiempo para pensar, las soluciones son más difíciles de encontrar, hay que jugar y golpear fuerte, es un tenis completamente diferente. Cuando nosotros jugábamos al tenis, era un tenis más pensado, más táctico", asegura.
Y para entender ese "otro tenis", qué mejor que sumergirse de nuevo en 1976, el año más brillante de su carrera (nueve títulos en total), con el primer triunfo de Italia en la Copa Davis y sus títulos en Roma y después en Roland Garros.
"En aquella época, Roland Garros se disputaba justo después de Roma. Llegué a París el lunes, jugué el martes y tuve que salvar una bola de partido en primera ronda contra el checoslovaco Pavel Hutka. Me lancé en la red e hice una volea de revés ganadora", recuerda.
"Es extraño. En Roma, en la primera ronda, había salvado once bolas de partido, pero no tirándome en plancha cada vez", bromea el romano.
Tras haber estado a punto de perder de entrada en el Foro Itálico contra el australiano Kim Warwick, antes de imponerse por 3-6, 6-4, 7-6, después se llevó el título tras derrotar en la final al argentino Guillermo Vilas por 2-6, 7-6 (7/5), 6-2 y 7-6 (7/1).
La historia se repitió en la ciudad del Sena, con un susto contra Hutka en primera ronda (2-6, 6-2, 6-2, 0-6 y 12-10), antes de su victoria en la final ante el estadounidense Harold Solomon, en cinco sets, por 6-1, 6-4, 4-6 y 7-6 (7/3).
- Verdugo de Borg -
De aquella final guarda dos recuerdos: el agotamiento y una breve alegría. "Estaba realmente cansado, hacía muchísimo calor, 40ºC".
En cuanto a la alegría, "duró 15 segundos y después llegó como una especie de melancolía".
En aquella edición en París, derrotó en cuartos al entonces rey de la tierra batida, Björn Borg, seis veces campeón en Roland Garros, siendo el único jugador que venció dos veces al campeón sueco en París (en octavos en 1973 y en 1976).
- Como en casa -
"A Björn no le gustaba jugar contra mí. ¿La solución para ganarle? No había que jugar como jugaba él, había que hacer que cada punto fuera diferente, con muchas variaciones", recuerda.
Para explicar su coronación parisina, aquel al que en la época se presentaba como un playboy y no precisamente un fanático del entrenamiento, asegura que siempre jugó bien en Roland Garros.
"El público siempre me apoyaba mucho. Cuando llegaba allí, siempre me sentía como en casa. La atmósfera que hay en Roland Garros es única para mí, más que en Wimbledon u otros torneos".
"Cuando llego a Roland Garros, incluso hoy en día, me siento bien", concluye.