El coronavirus en Pakistán, entre el estigma y las conspiraciones

Durante veinte días, Mansoor se atrincheró en su casa, rechazando someterse al test del nuevo coronavirus pese a que tenía dificultades para respirar, por miedo...
  • Un policía pakistaní, con mascarilla contra el nuevo coronavirus, en una calle de Rawalpindi, en el noreste de Pakistán, el 22 de julio de 2020

Durante veinte días, Mansoor se atrincheró en su casa, rechazando someterse al test del nuevo coronavirus pese a que tenía dificultades para respirar, por miedo a que lo trataran como a un apestado. En Pakistán, la estigmatización y las teorías conspiracionistas obstaculizan la lucha contra la pandemia.

"Me aislé en un rincón de mi casa. Decía que estaba preparando un examen", cuenta el profesor de 32 años, cuyos síntomas ya han desaparecido. "Si hago que me examinen, mi familia y yo nos quedaremos aislados" en el pueblo de la provincia de Jaiber Pastunjuá (noroeste) donde viven, explicaba a principios de julio. "No quiero un estigma así".

Son muchos en Pakistán los que se niegan a hacerse el test, según cinco médicos entrevistados por la AFP. En el valle del Swat, el doctor Amjad Khan explica que ha visto a "cientos" de pacientes que podrían ser portadores del virus.

"Pero el 90% de los que tienen síntomas no se hacen el test de diagnóstico" por miedo al rechazo de la sociedad. La gente "teme estar en contacto con una persona positiva a la covid-19", una enfermedad que, para ellos, es "sinónimo de muerte" asegurada, señaló Khan, portavoz de la Asociación de Médicos Jóvenes de Jaiber Pastunjuá.

"Además de tratar el virus, debemos responder a las preocupaciones de los pacientes, tratar su estigmatización", un problema agravado por el "analfabetismo" y la "superstición", destaca el profesor Javed Akram, vicerrector de la facultad de Medicina de Lahore.

- "Inyectar un veneno" -

Y más aún con la cantidad de teorías conspiracionistas que han aflorado a raíz de la pandemia en Pakistán, uno de los tres países del mundo que no ha vencido la polio, en parte a causa de los rumores que dicen que las vacunas contienen cerdo, prohibido por el islam.

Estos meses, los médicos han sido acusados en las redes sociales de "matar" a pacientes en hospitales, pagados por los países occidentales.

"Mi hermano estaba bien. Fue herido por un automóvil. Pero los médicos le inyectaron veneno", afirma un hombre mostrando un cadáver en un video que se hizo viral. El nuevo coronavirus es "un medio para los judíos de crear el terror", reza un mensaje propagado por WhatsApp.

"¡La gente visita las páginas de la 'alt-right' [la extrema derecha estadounidense], los traducen al urdu y listo!", denuncia Talha Saad, un neurólogo de Islamabad, cuyo auxiliar en un hospital público se negó a que le hicieran la prueba del coronavirus porque, según él, ese virus no es "real". Además, llevaba "un amuleto".

Y sin un sistema de diagnóstico eficaz, los contagios no dejan de aumentar en el país, donde oficialmente hay 280.000 casos de covid-19, aunque los expertos consultados por la AFP apuntan que la cifra podría ser al menos 10 veces superior.

La estigmatización y el conspiracionismo también conducen a subestimar el número de fallecidos: oficialmente, se registraron cerca de 6.000 en los hospitales del país, una letalidad muy baja en un país de 220 millones de habitantes en el que el virus está bien extendido.

En la provincia de Jaiber Pastunjuá (35 millones de habitantes), el profesor Sareer Badshah, estadístico especializado en salud pública, calcula que la covid-19 ha matado "de dos a tres veces más" que los 1.200 muertos oficialmente declarados.

En el valle del Swat, en la misma provincia, el médico Sajjad Khan afirma estar "seguro" de que hay "al menos el doble" de muertes que en las cifras oficiales.

- Funerales en secreto -

Al comienzo de la crisis, las autoridades prohibieron los funerales de los primeros muertos de la pandemia, pese a que las oraciones funerarias son elementos importantes de la cultura pakistaní, ya que supuestamente facilitan que el difunto entre en el paraíso.

Desde entonces, muchas familias decidieron esconder el contagio de sus familiares y así evitar funerales incompletos.

El pasado 11 de mayo, Said Akbar, de 67 años, fue enterrado apenas una hora y media después de que dar su último suspiro en el Swat, al cabo de tres semanas de "dolores pulmonares, tos y fiebre", tres días de coma y una fuerte sospecha de coronavirus. "Teníamos miedo de que la administración se llevara su cuerpo", admite su hijo, Abu Bakr.

En Peshawar, la capital del noroeste, Daud cuenta, enfadado, que decenas de hombres "se abrazaron" en el entierro de su tío. Cinco días después, uno de los hijos del fallecido lo llamó, satisfecho de haber podido celebrar un funeral "tradicional" para su padre quien, le explicó entonces, tenía coronavirus.

"El gobierno debería haberle hablado a la gente con franqueza. Pero actuó con negligencia, y esto permitió que se disparara la estigmatización", comenta, pidiendo el anonimato, un neumólogo que ejerce en la provincia de Jaiber Pastunjuá.

De los cien pacientes que lo consultaron por teléfono recientemente, "la mayoría era reticente a someterse al test" y muchos se habían autodiagnosticado como portadores de la fiebre tifoidea, una enfermedad mortal con síntomas similares a los de la covid-19. En Pakistán, explica sorprendido, "la gente está contenta de tener cualquier enfermedad, salvo el coronavirus".