Los manifestantes intercambian ideas para escapar de los soldados de la Junta en Birmania

Los longyi, especie de faldas largas atadas en el ombligo, tendidas en sogas, atrincheran las calles de Rangún. Por inofensivas que parezcan, estas instalaciones han...
  • Los longyi, las faldas tradicionales de las mujeres birmanas, bloquean una calle de Rangún el 3 de marzo de 2021 para impedir el avance de los soldados

      Los longyi, especie de faldas largas atadas en el ombligo, tendidas en sogas, atrincheran las calles de Rangún. Por inofensivas que parezcan, estas instalaciones han detenido muchas veces a las fuerzas del orden en su avance para dispersar una manifestación antijunta.

      Se trata de una superstición relacionada con la ropa de las mujeres, a la que los hombres no deben acercarse. Es una de las tácticas utilizadas para resistir, desde el golpe de Estado del 1 de febrero que destituyó a la jefa de gobierno civil Aung San Suu Kyi y llevó al poder a una junta militar.

      El ejército ha intensificado gradualmente su represión, utilizando gases lacrimógenos, granadas de sonido, balas de goma y a veces incluso munición real contra los manifestantes, que utilizan su imaginación para tomar represalias.

      La última idea es colgar la ropa en un tendedero que cruza la calle.

      "Se considera que el longyi de una mujer daña el cuerpo de los hombres", explica a la AFP la activista Thinzar Shunlei Yi. "Si pasan por debajo de uno de los faldones, significa que su 'hpone' está destruido". 'Hpone', en la cultura birmana, es el poder o el prestigio de una persona.

      Las supersticiones al respecto son comunes entre los birmanos más conservadores. Algunos soldados se niegan a tocar un longyi femenino por miedo a que afecte a su éxito en el frente.

      Estas coloridas prendas se han visto por todo Rangún, desde el distrito de San Chaung, escenario de encuentros diarios cara a cara, hasta las afueras de la ciudad, donde las fotos compartidas en Facebook mostraban a un soldado encaramado en un camión luchando por quitar el dispositivo.

      - Manifestantes ingeniosos -

      Desde el golpe, Rangún se ha transformado. Para impedir que las tropas entren en su barrio, los manifestantes han construido barricadas improvisadas con neumáticos viejos, ladrillos, sacos de arena, bambú y alambre de púas.

      Algunos manifestantes van equipados con bolsas de plástico llenas de agua, que lanzan sobre los botes de gas lacrimógeno para asfixiarlos al máximo antes de que les hagan daño en los ojos.

      Otros blanden espejos como escudos para confundir al bando opuesto. Otros utilizan extintores para crear una nube de humo a su alrededor, lo que les facilita la huida.

      Incluso con todo su ingenio, tomando prestadas las tácticas de los movimientos prodemocráticos de Hong Kong y Tailandia, el terreno sigue siendo desigual, afirma Thinzar.

      Al menos 54 civiles han muerto desde el golpe, según las Naciones Unidas, y las imágenes difundidas por las redes sociales han mostrado a las fuerzas de seguridad disparando contra la multitud y cuerpos empapados de sangre con heridas de bala en la cabeza.

      Una manifestante de 19 años, Kyal Sin, murió a tiros en Mandalay el miércoles, el día más mortífero desde el 1 de febrero.

      Los medios de comunicación estatales informaron el viernes de que las autoridades investigan la causa de su muerte.


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