Estupidez, en vez de sensatez

  • Euclides Corro.

Soy un permanente seguidor de las redes sociales y participo en lo posible en las mismas entendiendo que es una herramienta moderna que nos permite un contacto directo; e incluso, el intercambio de opiniones sobre los más diversos temas, en especial aquellos que tienen que ver con el desarrollo social, político, económico e inclusive los interpersonales.

Utilizada en forma seria y prudente, representan –insisto- una gran ayuda para la sociedad y contribuye principalmente, a ese derecho universal de la libertad de expresión. Visto en esta forma, creo que es obligante de parte de cada quien cuidarla y protegerla propiciando el uso decente de las misma.

Sin embargo, cada día nos avergüenza que este recurso esté en mano de una gran cantidad de charlatanes, gente vulgar y descomedida, de políticos mal intencionados, y de aquellos que, sin pena alguna, hacen gala de su ignorancia y pésimo gusto.

Es entonces, cuando las redes sociales se distorsionan y adquieren ilegitimidad e ilegalidad. El apreciado amigo y colega Álvaro Alvarado apuntó en un “twitter” una opinión que es válida y retrata en mucho lo que estamos diciendo. Palabras más, palabras menos, señalaba que “cada día es más difícil opinar en las redes sociales.

Cada vez hay más irrespeto e intolerancia. Cualquier pelafustán te responde con insultos y agresividad”. Para colmo, yo añadiría que el debate de altura está en vías de extinción. 

No hay tolerancia al derecho de disentir, por lo que la respuesta se traduce en el agravio, la procacidad, el insulto e incluso, en un atentado contra la honorabilidad del democrático derecho del que no coincide con una u otra forma de pensar.

Lamentablemente no veo una respuesta inmediata. Existe impunidad y alevosía. A los rectores de la justicia, no les preocupa investigar y menos aplicar la ley. Esto nos coloca en un escenario de impunidad que es atentatorio a los más elementales derechos humanos. Al menos, eso es lo que pienso. * El autor es periodista. 

 

Euclides M. Corro R.
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