Arango: A propósito de la historia del 9 de enero de 1964

  • Alfredo A. Arango, Psicólogo, Docente y Escritor

      ¡Qué se vayan del Canal los gringos! Era el grito de los jóvenes, ese día, a lo que la respuesta, causó muchos heridos y muertos.  Le doy  espacio  al Profesor Fulgencio Álvarez, renombrado catedrático de CRU de Coclé, a quien tengo gran respeto. “A propósito de la historia del 9 /1/64, un refrán ruso dice que si olvidamos el pasado perdemos un ojo, pero si nos quedamos en el pasado, perdemos el otro”. En la historia de los pueblos, el tuerto o ciego, al mismo tiempo es el más destructivo y desafortunado acto de pérdida  de identidad cultural y conciencia social de una comunidad donde se arraiga un modo de vida, compartido por un conglomerado humano, diferenciado de otros por sus fronteras geográficas. El olvido de la conciencia histórica de un pueblo puede obedecer a muchas variables socioculturales. Una variable, quizás la más influyente, tiene que ver con el poder. Quienes lo ejercen en función de intereses ideológicos y políticos de sectores privilegiados en la estructura social; controlan el manejo de la información, según sus mezquinos intereses egoístas de clases sociales. Así los hechos históricos se acomodan e interpretan como acciones heroicas, de quienes controlan las instituciones y el gobierno del Estado, haciéndolas ver como un sentimiento nacional colectivo.  Irradiados por eficaces medios de comunicación masiva.

      Recordemos a Vasco Núñez de Balboa, convertido por la élite dominante de inicios de la República, como el héroe nacional, en contraposición con el legendario y heroico Urracá o el combatiente de la  dignidad de los pobres, Victoriano Lorenzo. Núñez de Balboa, aparece en el Balboa y Urracá, la moneda más baja: el centavo. Esta breve relación de los hechos históricos corrobora la variable del poder como estrategia de promoción, para el olvido de la historia a fin de favorecer a un grupo. Dice Mark Twain, “es más fácil engañar a la gente, que convencerlos que han sido engañados”. Así, lo ocurrido el 9 de enero de 1964, se ha ido diluyendo en el espacio y tiempo de la conciencia del panameño, a punto que en pleno siglo XXI ha quedado en el olvido.

      ¿Se han convertido los beneficios del Canal de Panamá en beneficios para la población panameña? ¿Quiénes controlan las propiedades y bienes de la franja? ¿Por qué los principales colegios y universidades públicas no fueron ubicados en áreas como Albrook?¿Hay algún fondo de lo que aporta el Canal al tesoro nacional destinado a la salud, educación y cultura?

      ¿Benefician a los panameños más humildes, las concesiones para la explotación  de los recursos naturales o por el contrario , estas concesiones redefinen un nuevo enclave económico , al servicio de las corporaciones transnacionales y  sus aliados internos? ¿Por qué los gobiernos post invasión, en más de 30 años, no han logrado consolidar una democracia que inspire  credibilidad y confianza del ciudadano en sus instituciones”.

      Estas preocupaciones  son dignas de repensar en momentos de crisis nacional y remembranza de hechos históricos como el 9 de enero de 1964. El mejor homenaje, a todos los mártires, es la construcción de un  consenso, verdadero, que ponga en la mesa del diálogo, el mejoramiento cualitativo  y calidad de vida de los panameños, libres de intereses mezquinos. Los mártires dieron sus vidas para que se produjera un despertar de la conciencia nacional, sometida al poder externo.
       

      Alfredo A. Arango
      Psicólogo y Escritor
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