Cuando el confidente ya no es de papel, sino es un algoritmo
En otros tiempos los jóvenes escribían en un diario. Allí se volcaban sus inseguridades, conflictos, amores frustrados, miedos y sus emociones más íntimas. ¡El papel no respondía! pero obligaba a pensar. Hoy, el confidente tiene código. Es un algoritmo y le llamamos Inteligencia Artificial.
Cada vez más jóvenes le cuentan a la Inteligencia Artificial lo que antes se escribía en un cuaderno o se contaba a un amigo. Se le habla a la IA de las amistades que duelen, de comentarios que hieren, de la culpa por vivir atrapados en el móvil, etc. En la búsqueda de ayuda a entender sus situaciones. La usan como analista emocional, como espejo racional que les organizan lo que sienten.
Pero aquí está la inquietud; cuando la primera orientación ante un conflicto ya no es una conversación humana, sino una respuesta generada por código, algo profundo está cambiando. ¿Estamos formando una generación más reflexiva o más dependiente de la validación digital?
La inteligencia artificial, no se cansa y siempre responde. Precisamente por eso seduce. El desafío no es prohibirla, sino enseñar a usarla con criterio y equilibrio.
¿Qué tipo de intimidad estamos construyendo en la era de las máquinas que nos escuchan?
* La autora es consultora tecnológica.