Opinión

Del discurso independiente al reto de ser partido

02 de septiembre de 2026

La decisión de Vamos de convertirse en partido político, aprobada con 97% de respaldo en su tercera Asamblea General, marca un momento decisivo para la política panameña.

No debe verse automáticamente como una traición, pero sí como una prueba de coherencia: quienes crecieron cuestionando a los partidos tradicionales ahora tendrán que demostrar que un partido puede ser distinto.

Durante años, gran parte del respaldo ciudadano a Vamos nació del cansancio frente al clientelismo, el oportunismo, el reparto de puestos y la distancia entre los políticos y la gente. Por eso, el pueblo tiene derecho a preguntar: ¿qué cambiará realmente si Vamos adopta la misma figura que antes criticaba? La respuesta no puede ser un eslogan ni una campaña en redes; tendrá que reflejarse en conducta, reglas internas y decisiones transparentes.

La contradicción que deben explicar

Convertirse en partido es una decisión legítima dentro de la democracia, pero también encierra un riesgo: que el movimiento termine absorbiendo los vicios que denunció. El poder cambia a las personas y, muchas veces, también cambia los discursos. La verdadera diferencia no estará en el nombre, el logo o la cantidad de adherentes, sino en si sus dirigentes mantienen la humildad de escuchar, rendir cuentas y aceptar críticas.

Vamos deberá explicar con claridad por qué ser partido no significa convertirse en “más de lo mismo”. Si criticaron la política cerrada, no pueden elegir candidatos a puerta cerrada. Si criticaron las nóminas y el nepotismo, no pueden llenar sus estructuras con amigos, familiares o cuotas de poder. Si denunciaron la opacidad, deben publicar sus finanzas, sus decisiones internas y los criterios para escoger a quienes los representarán.

Retos inmediatos

Legalmente, el colectivo tendrá que presentar una solicitud formal, estatutos, símbolos y al menos 500 firmas de iniciadores; después deberá obtener 45,503 adherentes, equivalentes al 2% de los votos válidos de la elección presidencial anterior, con plazo hasta el 31 de diciembre de 2027 para aspirar a participar en 2029.

Pero su desafío principal no es recolectar firmas: es preservar su credibilidad. Crear elecciones internas auténticas y no candidaturas impuestas. Establecer límites claros a la reelección y al control personalista. Publicar ingresos, donantes, gastos y uso de recursos. Sancionar con firmeza la corrupción, aunque involucre a sus propios dirigentes.

Mantener contacto permanente con barrios, provincias, comarcas y sectores populares. Proponer soluciones viables para empleo, costo de vida, educación, salud, seguridad y desigualdad.

Mensaje al pueblo panameño

El pueblo panameño no necesita otro partido que prometa pureza mientras se prepara para repartirse el poder. Necesita una organización que entienda que el poder no es un premio, sino una responsabilidad; que una curul no es un negocio y que la política no puede seguir siendo una escalera para enriquecerse mientras la gente lucha cada día por pagar comida, transporte, medicinas y escuela.

Vamos tiene ahora una oportunidad histórica, pero también una responsabilidad enorme. Puede demostrar que los partidos no tienen que ser fábricas de privilegios; o puede terminar confirmando la amarga sospecha de que, en Panamá, todos critican el sistema hasta que les toca administrarlo.

La conciencia ciudadana debe mantenerse despierta. Apoyar no es aplaudir todo; apoyar es exigir. Panamá no necesita seguidores ciegos de ningún partido, movimiento o dirigente. Necesita ciudadanos vigilantes, con memoria y dignidad, capaces de decirle a cualquiera que aspire al poder: no olvides de dónde vienes, no traiciones lo que dijiste y no uses al pueblo para llegar arriba.

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