Opinión

El mundo al revés

20 de marzo de 2026

Puedo decir que durante mi educación secundaria tuve los mejores profesores de lo cual me enorgullece enormemente. También fueron valiosos esos años universitarios de profundización en las corrientes sociales del pensamiento, y de confrontación de principios éticos e ideológicos.

Las ideologías de ayer parecen no tener sentido en el mundo de hoy donde la mayoría de los gobernantes y dirigentes, gran parte de ellos, pareciera que trazan sus aspiraciones y metas políticas conforme lo indique el camino donde puedan acolchonar sus propios intereses y principios.

Hoy el mundo tiene enormes falencias morales y humanas que, desde mi perspectiva, en esta tercera década del siglo XXI , se ha distorsionado el sentido de pertenencia en una colectividad con principios y valores, ayuna de líderes y gobernantes con criterio solidario.

En esta época tiene más “peso” el “influencer” que ventila muchas veces trivialidades con miles de seguidores, que el ciudadano que mantiene de manera sostenida una campaña por el respeto a los valores ciudadanos. Se enaltecen figuras de la farándula a contrapelo de quienes hacen labor silenciosa humanitaria y de investigación.

En la sociedad de hoy llama más la atención quien tenga miles de seguidores en su celular(red) y ver qué viste o qué come; que la violación de una norma en particular o lo que suceda con menores (hambruna, violaciones o muerte por bombas). Hace algunos años (2009-2012) David Owen (ex canciller del Reino Unido), y Jonathan Davidson, (psiquiatra y profesor); publicaron una trilogía de libros-entre ellos: “El Síndrome de Hubris” ¿un desorden de personalidad adquirido?, causando una gran polémica, sobre todo en el ámbito político y social.

La publicación de los análisis puso el dedo en la llaga, y hoy cobra más vigencia y certeza que nunca. En este caso decir que “los políticos, víctimas del Hubris, tienen una propensión al narcisismo a tal punto de considerarse el centro del universo y de la verdad”, enrosca una realidad chocante pero cierta.

¿Cuántos dirigentes de gobierno sólo admiten su propia realidad y verdad? Ya en su momento (2012), Mario Vargas Llosa publicaba “La civilización del espectáculo” en referencia al triunfo del sensacionalismo, la frivolidad política y el “amarillismo” en los medios provocando múltiples comentarios, pero sin cambio alguno.

Es un mundo al revés, donde el buen gusto y la política decente (si alguna vez la hubo), ha cedido su espacio desde hace rato al nuevo desorden cultural y político. ¡Vaya!

* El autor es periodista y docente.

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