¿El panameño no lee?
Es una famosa frase que muchos toman como estandarte o escudo para justificar la forma de actuar de los nacionales. Desde escritores hasta gobernantes toman como real esta premisa, pero se tiene que analizar.
Empecemos por lo que hace el mundo literario por acrecentar el número de lectores. Solo en septiembre, para la feria del libro, se escuchan promociones o algún tipo de incentivos para los lectores. Un buen libro, de acuerdo al género, está entre $20 y $30. Se pueden justificar los títulos nacionales cuyo valor es de 10 balboas en adelante por los costos y esfuerzos que implica la impresión en una de las pocas editoriales.
Pero los precios elevados no contribuyen a la democratización de la cultura, ¿o es que solo los ricos pueden comprar un libro? En cuanto a las políticas gubernamentales, como es común dejan mucho que desear, tanto subsidios e incentivos para las grandes industrias; y no he tenido el placer de leer alguna que hable de abaratar los insumos en la elaboración o incrementar el emprendimiento, nuevos espacios para la adquisición.
Y no me van a decir que las personas "de a pie" no están interesadas en la lectura; porque la abandonada política de colocar libros en las estaciones del metro tuvo mucho éxito, al punto que solo quedaron las repisas repletas de libros en inglés.
De que vale el interés, de que vale las ganas, si al final de la jornada no se tiene el dinero para creer con la cultura, viajar con la lectura y descubrir nuevos caminos con la lectura y los pudientes no ayudan porque prefieren que sigamos ignorantes. Señores, el panameño sí lee, el problema es el sistema que nos quiere hablando como si acabáramos de salir de la selva. *La autora es periodista.