Israel lucha por un futuro mejor para el mundo
La guerra que el Estado de Israel está llevando a cabo en estos días no es un episodio más de un conflicto regional limitado, sino parte de una lucha más amplia por la estabilidad internacional y el futuro del mundo libre. Nuestra concepción estratégica es clara: no se trata únicamente de la defensa de las fronteras de Israel, sino de hacer frente a una amenaza de gran alcance cuyo origen se encuentra en Irán.
Durante años, Irán ha trabajado para consolidar su influencia regional mediante el desarrollo de capacidades militares avanzadas, el apoyo a organizaciones terroristas y la ampliación del alcance de su amenaza más allá de Oriente Medio. El pasado fin de semana, Irán lanzó misiles balísticos hacia la isla de Diego García en el océano Índico, a una distancia de 4.000 kilómetros de Teherán. Estos misiles de largo alcance también pueden alcanzar capitales europeas como Berlín, París, Londres y Roma. Esto constituye un recordatorio de que esta amenaza va mucho más allá de las fronteras de Israel.
Amenazas de este tipo no desaparecen cuando se las ignora; se intensifican. Por ello, Israel ha decidido actuar, con determinación, pero también con responsabilidad. Israel no permitirá la creación de una realidad en la que un régimen extremista posea capacidades, entre ellas capacidades nucleares, que pongan en peligro su existencia y la estabilidad de toda la región. Para comprender la magnitud del peligro de ignorar amenazas en desarrollo, conviene recordar lo ocurrido en Europa en vísperas de la Segunda Guerra Mundial.
En la década de 1930, países líderes, encabezados por Gran Bretaña y Francia, adoptaron una política de apaciguamiento hacia Adolf Hitler. En el marco del Acuerdo de Múnich, se permitió a la Alemania nazi apoderarse de partes de Checoslovaquia con la esperanza de evitar una guerra. Sin embargo, en lugar de frenar la agresión, esta política la fortaleció. En poco tiempo quedó claro que las concesiones no trajeron la paz, sino que condujeron a una devastadora guerra mundial.
La lección histórica es clara: posponer la confrontación con una amenaza peligrosa —e Irán es la amenaza más peligrosa para el mundo en las últimas décadas— no la elimina, sino que a menudo aumenta el costo futuro.
Paralelamente al esfuerzo militar, se está llevando a cabo un intenso esfuerzo diplomático. El ministro de Relaciones Exteriores de Israel y mis colegas embajadores en todo el mundo trabajan para dejar claro a la comunidad internacional que no se trata de un conflicto local, sino de un desafío compartido por muchos países. Cuando una amenaza de misiles logra un alcance de miles de kilómetros, la pregunta no es “si nos afecta”, sino “cuándo llegará también a nosotros”.
El frente norte ilustra claramente la conexión directa entre Irán y la inestabilidad regional. La organización terrorista Hezbolá, financiada por Irán, constituye un ejemplo claro de cómo Irán combina ideología, terrorismo y capacidades militares. Por ello, cualquier golpe a las capacidades iraníes repercute directamente también en otros frentes.
La semana pasada recordamos con dolor el atentado contra la embajada de Israel en Argentina, ocurrido hace exactamente 34 años, donde fueron asesinados 29 personas incluyendo 4 de mis homólogos diplomáticos. Dos años después, en 1994, terroristas de Hezbolá, bajo instrucciones de los ayatolás de Irán, perpetraron dos atentados adicionales en América Latina: contra el edificio de la comunidad judía en Buenos Aires, donde fueron asesinados 85 civiles, y contra un avión de pasajeros de la aerolínea Alas Chiricanas en ruta de Colón a Panamá, en el cual fueron asesinados 21 civiles. Lo he escrito antes y lo reitero: Irán es el principal exportador de terrorismo en el mundo.
No obstante, es importante subrayar que Israel no actúa por un deseo de escalar la situación, sino por la necesidad de proteger a sus ciudadanos y garantizar un futuro más seguro. Se trata de un esfuerzo complejo, que también incluye la firme resiliencia de los ciudadanos de Israel en la retaguardia, un componente esencial en cualquier guerra moderna.
Por ello, no hablamos únicamente sobre Israel, sino sobre principios compartidos: el derecho de los Estados a defenderse, la necesidad de enfrentar las amenazas a tiempo y la importancia de la cooperación entre países que comparten valores similares.
En última instancia, el mensaje es simple: la responsabilidad de la seguridad y la estabilidad no recae en un solo país. Es una responsabilidad compartida por toda la comunidad internacional. Israel seguirá actuando para defenderse, pero también continuará trabajando junto a sus socios, con la convicción de que los desafíos de hoy son los desafíos de todos.