Opinión

Panamá y su Canal: El renacer con luces largas

06 de noviembre de 2026

¡Maravilloso, por no decir mucho! Panamá ha dado un paso fundamental al formalizar ante la comunidad internacional tres proyectos estratégicos de gran impacto para el Canal de Panamá y el comercio mundial. El plan mejorará la infraestructura logística y portuaria con dos nuevas terminales: la de Corozal en el Pacífico y la de Telfers en el Caribe. Además, se construirá el reservorio indispensable de Rio Indio para aumentar la disponibilidad de agua, garantizando así tanto la operación de la vía interoceánica como el consumo humano. Este hito marca un punto de inflexión no solo para el Istmo, sino también para las cadenas de suministro que sostendrán la economía global durante los próximos 50 años.

Además de maravilloso, resulta impresionante que estos proyectos estratégicos deban ejecutarse en el periodo comprendido entre 2026 y 2035. Su puesta en marcha viene a subsanar los rezagos acumulados desde la ampliación de la vía acuática en 2016, una época en la que las disputas de intereses provocaron una parálisis institucional debido a la falta de dinamismo legislativo, conflictos gremiales y demandas judiciales por parte de navieras locales.

La noticia sobre el futuro del Canal se dio a conocer en medio de una reunión entre la Junta Directiva de la vía y la Junta Asesora Internacional de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP). En este encuentro participó el mandatario panameño, José Raúl Mulino, quien hizo un histórico anuncio que destraba la compleja situación surgida entre 2014 y 2016. En aquellos años, operadores portuarios y asociaciones de residentes del área interpusieron al menos 11 procesos legales y demandas de inconstitucionalidad ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) contra las dos megaterminales portuarias en Corozal y Telfers. El objetivo de estas obras, según lo concebido originalmente por la Comisión Tripartita de estudios alternativos sobre un canal a nivel, era impulsar proyectos portuarios estratégicos pendientes para capturar el valor agregado de la mercancía que no necesariamente cruza la vía de forma marítima. El no haberlo hecho inmediatamente después de la ampliación terminó otorgando ventajas competitivas a Costa Rica, Colombia, Estados Unidos y República Dominicana.

Tras los anuncios de las últimas horas, se hace necesario evaluar la trascendencia del paso que da Panamá y la validación de la Junta Asesora Internacional. Con esto se envía una señal inequívoca a los mercados globales: el país vuelve a planificar con luces largas. El primer gran paso de esta era fue la ampliación del Canal con un tercer juego de esclusas de tres niveles y calado competitivo.

Un reconocimiento especial merece la Corte Suprema de Justicia de Panamá. Al declarar, en enero de 2026, la inconstitucionalidad del contrato-ley de 1997 —el cual permitía la concesión para que una transnacional operara los puertos de Cristóbal y Balboa—, el tribunal propició un giro histórico que despejó el panorama monopólico. Esta jurisprudencia permitió que el Gobierno y la ACP relanzaran formalmente la licitación de ambas obras, abriendo paso al desarrollo logístico bajo un nuevo modelo de concesiones abiertas y transparentes.

¿Qué significado tiene esto para la comunidad marítima mundial? La respuesta es sencilla. Este artículo no busca explicar tecnicismos propios de expertos, sino reiterar y subrayar que Panamá y su Canal entran de lleno a ocupar el lugar que les corresponde, liderando desde su posición geográfica estratégica como el puente del mundo para el desarrollo económico global. La verdadera trascendencia radica en que, en un panorama geopolítico plagado de incertidumbres, la estabilidad del Canal de Panamá es un bien público global. Detener la marcha de estos proyectos canaleros es retroceder en nuestro propio futuro.

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