Uno era mi hijo; exigimos justicia y acciones reales
Recientemente perdimos a dos jóvenes víctimas de la violencia que sacude al país; entre ellos, mi hijo, un muchacho lleno de sueños cuyo proyecto de vida fue truncado por la impunidad y la desidia gubernamental.
Este hecho no es aislado; refleja una crisis de seguridad pública donde los delincuentes actúan con aparente libertad y las familias pagan el precio más alto. La rabia y la impotencia que sentimos las familias no solo son emocionales; son un llamado a la acción democrática.
Exigimos medidas urgentes y coordinadas: investigación inmediata y transparente del hecho, detención y procesamiento de los responsables, protección para testigos y familiares, mayor presencia policial focalizada en zonas críticas, programas de prevención orientados a jóvenes en riesgo, políticas de rehabilitación para comunidades vulnerables y controles más firmes sobre el tráfico de armas y delitos organizados.
Sin estas acciones, la descomposición social seguirá cobrando vidas inocentes. Asimismo, la respuesta del Estado debe acompañarse de participación ciudadana. Las familias afectadas y la sociedad civil deben organizarse para exigir rendición de cuentas, monitorear investigaciones y proponer políticas con enfoque local.
La indignación debe transformarse en presión institucional: marchas pacíficas, peticiones ciudadanas, recursos legales y visibilización mediática de los casos hasta que haya respuestas concretas.
* Abogado.