Jugando con fuego
01 de agosto de 2019
La población soporta este y otros relatos de corrupción protagonizados por quienes nos gobiernan. Ese nivel de tolerancia no corresponde a un condicionamiento natural, sino una actitud basada en la negación, desprovista de explicaciones que se acerquen remotamente a los detalles que ofrecen los soplones. La pregunta de rigor es ahora la siguiente: a que daría paso una verdadera indignación ciudadana, ¿a una declaración de paro general? ¿o a la activación de un nuevo orden, en el cual delinquir deje de ser punible?