Confirman por primera vez presencia de tiburón limón en Coiba y revelan zona clave de crianza
Un equipo de científicos panameños liderado por el Dr. Edgardo Díaz-Ferguson, director ejecutivo de la Estación Científica Coiba AIP, confirmó por primera vez la presencia del tiburón limón (Negaprion brevirostris) en aguas del Parque Nacional Coiba, uno de los ecosistemas marinos más relevantes de Centroamérica.
El estudio documentó seis individuos juveniles capturados en distintos momentos de 2025 dentro de este estuario, caracterizado por manglares y variaciones de salinidad. La presencia reiterada de ejemplares en etapa temprana de vida constituye evidencia científica de que el área funciona como vivero natural. “Cuando encontramos juveniles, sabemos que no es un evento aislado: es reproducción”, explicó Díaz-Ferguson. “Las hembras están llegando a este sitio porque encuentran condiciones óptimas para parir y proteger a sus crías”, añadió.
Hasta ahora, el tiburón limón no había sido registrado en los ecosistemas insulares de Coiba, pese a décadas de investigación. La especie, común en regiones tropicales, prefiere aguas poco profundas y zonas de manglar, características que coinciden con Boca Grande.
El descubrimiento fue inicialmente inesperado. “Morfológicamente parecía un tiburón limón, pero no había registros en la zona. Fue necesario confirmar con ADN”, señaló el investigador. El análisis genético arrojó coincidencias superiores al 99% con secuencias de referencia internacionales.
El estudio también destaca el valor de los depredadores como indicadores ambientales. “Los depredadores son indicadores de ecosistemas saludables. Si están presentes, significa que el sistema funciona”, afirmó Díaz-Ferguson. En ese sentido, la presencia del tiburón limón refuerza la condición del estuario como uno de los ambientes más prístinos del país.
Más allá del ámbito local, el hallazgo plantea nuevas interrogantes científicas sobre la conectividad ecológica y los patrones de migración de la especie en el Pacífico Tropical Oriental, una región donde su distribución ha sido poco documentada.
Los investigadores adelantaron que planean realizar estudios de marcaje y análisis genético comparativo para profundizar en estas preguntas.
En términos de conservación, el equipo propone que Boca Grande sea considerada un área prioritaria para la protección de tiburones. “El objetivo no es solo reportar el hallazgo, sino usarlo para mejorar la conservación”, subrayó Díaz-Ferguson.