Cultura

La Bruja, una película de terror sin convencionalismos

01 de agosto de 2019

ML I La cinta está catalogada dentro del género de terror, aunque es más bien del tipo angustia, que se genera cuando oímos el cristal de la ventana romperse en mitad de la noche, pero no el terror que genera comprobar que la ventana la ha roto un loco con un hacha en la mano, y ni mucho menos del estilo de sobresalto fácil que supone que el loco se abalance sobre nosotros.

En la Nueva Inglaterra del siglo XVII, un granjero repudiado por la comunidad decide establecerse junto con su numerosa familia, mujer y cinco hijos, en plena naturaleza, una granja cercana al bosque. Desde el primer momento comienzan a ocurrir extraños e inexplicables sucesos, como la desaparición de uno de los niños. Este hecho pondrá a prueba la fe de la familia, al tiempo que genera enfrentamientos y revela evidencias de que un mal acecha en el misterioso bosque.

Robert Eggers se estrena como director y guionista de su primer largometraje. El trabajo de dirección de la cinta es impecable y una lección de cómo se puede contar una historia intrigante o angustiosa sin necesidad de recurrir a lo obvio o a lo necesariamente explícito. La película es salvaje, no porque muestre vísceras o imágenes desagradables, sino porque las hace suponer de una forma creíble y sin mostrarlas directamente en pantalla. La tensión puede masticarse todo el metraje y se acentúa cuando es preciso.

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