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Tres generaciones de mujeres ucranianas encaran un interminable exilio en Austria

12 de febrero de 2024

Irina, Marina y Katia --abuela, madre y nieta-- procedentes de Mikolaiv, en el sur de Ucrania, afrontan juntas el exilio en Austria, donde intentan integrarse mientras ven desvanecerse las esperanzas de un rápido retorno ante una guerra estancada.

En Europa hay seis millones de refugiados ucranianos, una ola sin precedentes desde la Segunda Guerra Mundial, según datos del Alto Comisionado para los Refugiados de la ONU (ACNUR).

La mayoría pensaba solo permanecer unos meses, pero los bombardeos, la ausencia de avances en el frente, el conflicto sin fin, hacen que volver sea cada vez más improbable.

En febrero, la ciudad portuaria de donde proceden las tres mujeres ha vuelto a ser blanco de un ataque, que reventó los tejados de numerosos inmuebles.

- Currículums rechazados -

"El futuro de Ucrania es tan incierto, que no veo salida antes de uno o dos años", estima Marina Troshchenko, de 43 años, con firmeza y una mirada decidida, mientras muestra fotos de los daños enviadas por familiares que se quedaron en el lugar.

Tras meses de dificultades para hallar alojamiento y currículums rechazados, las tres mujeres encontraron finalmente un apartamento gracias al trabajo que consiguió la madre en un supermercado.

"Empecé desde abajo", en la sección de panadería, antes de ascender hasta "jefa de caja", cuenta a la AFP esta exdirectora de compras divorciada, que no hablaba alemán antes de su llegada a Viena en marzo de 2022.

Su hija Katia, de 17 años, finalizó sus estudios ucranianos a distancia, mientras asistía a un instituto vienés, con el objetivo de obtener el "Matura" (el bachillerato austriaco) en 2025.

Por su parte, la mayor de la familia, Irina Simonova, de 64 años, encontró un equipo de voleibol, su deporte favorito, y formó un círculo de amigos.

Las lágrimas brotan en cuanto se menciona a Ucrania, donde tuvo que dejar a su madre, afectuosamente apodada "Babusia Olga", que con 87 años se niega a marcharse.

"Estamos felices de haber logrado tantas cosas en dos años", resume Marina, pues las tres juntas han logrado una integración ejemplar.

- 'Construir su futuro' -

En los locales de la organización Diakonie, que proporciona asesoramiento a los alrededor de 80.000 refugiados ucranianos en Austria, se observa un cambio.

Paralizados durante mucho tiempo por "el dilema de la espera" --¿regresar o no?--, "no sabían como avanzar", explica Sarah Brandstetter, trabajadora del centro.

"Ahora, muchos han decidido quedarse e intentan construir su futuro aquí, sobre todo para sus hijos", dice.

La situación, no obstante, es complicada para aquellas mujeres cuyos maridos están en el frente. Les cuesta encontrar tiempo para conseguir un trabajo y aprender el idioma, señalan los voluntarios que distribuyen ropa y juguetes.

Y, en el terreno, el viento de solidaridad que sopló cuando comenzó el conflicto ha perdido fuerza.

Christoph Riedl, experto en cuestiones de migración y de integración para Diakonie, indica también la carga cada vez mayor para los austriacos que aceptaron poner a disposición sus domicilios temporalmente para los refugiados y ven que la situación se alarga.

"La fuerte inflación y el aumento de los precios de la energía han cambiado las cosas", asegura.

- Desafío demográfico -

En la vecina Alemania, que acoge a más de un millón de refugiados, por delante de Polonia, la afluencia masiva contribuye a saturar la capacidad de acogida de los municipios. Una situación que alimenta el discurso antimigración, en un momento en el que el número de solicitantes de asilo de otras nacionalidades se ha disparado.

Según Riedl, la UE debe alcanzar desde ya un estatuto perenne para los ucranianos, que cuentan hasta marzo de 2025 con un título de protección temporal que les permite acceder al mercado laboral, la vivienda y una ayuda social y médica.

"Hay que aceptar la realidad: cuando un conflicto dura dos o tres años, la gente se resigna a rehacer su vida en su nuevo país", analiza.

Un panorama que temen las autoridades ucranianas, enfrentadas a un verdadero desafío demográfico.

"Es una situación particular, donde tenemos un país en guerra que quiere mantener la mayor conexión posible con su población", apunta Philippe Leclerc, director de ACNUR en Europa, y menciona los cursos que se imparten en línea para los estudiantes y las posibilidades dadas a los refugiados para hacer viajes de ida y vuelta.

Para Katia, de largo cabello castaño y rostro amable, "es muy importante volver y construir Ucrania, un nuevo país moderno que formará parte de la UE".

Aún traumatizada por las noches pasadas en los refugios antiaéreos al inicio del conflicto, tiene "miedo de regresar, de ver su país y su infancia arruinados por los rusos".

Y no se hace muchas ilusiones, pues probablemente deberá quedarse en Viena para realizar sus estudios universitarios.

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