El arzobispo Ulloa llama a una conversión profunda del país
El arzobispo de Panamá, José Domingo Ulloa Mendieta, invitó al país a asumir señales concretas de transformación, no solo en el ámbito religioso, sino también en la vida social, política, económica y cultural. Las palabras del prelado surgen con el inicio del periodo cuaresmal, un tiempo de conversión y renovación interior que busca traducirse en más justicia, misericordia y esperanza para la nación.
Durante su reflexión de este domingo, 22 de febrero, el jerarca subrayó que la verdadera conversión nacional no consiste en cambios de discurso, sino en transformaciones profundas del corazón que se reflejen en la manera de vivir, relacionarse y tomar decisiones.
“La conversión que necesitamos como país comienza cuando dejamos la indiferencia y asumimos la responsabilidad compartida por el bien común”, afirmó.
Señaló que problemáticas como la corrupción, la violencia, la desigualdad, la destrucción del ambiente y la falta de ética pública no pueden verse como asuntos ajenos, sino como heridas que afectan a toda la sociedad.
Honestidad y dignidad humanaUlloa Mendieta destacó que una señal clara de cambio es recuperar la honestidad como valor social. “Ninguna nación puede sostenerse sobre la trampa normalizada. La transparencia debe dejar de ser un discurso para convertirse en una práctica cotidiana”, expresó.
Asimismo, hizo un llamado a colocar nuevamente a la persona en el centro, respetando la dignidad de todos, especialmente de las mujeres, los pobres, los migrantes y los jóvenes. “Un país comienza a sanar cuando cada vida es respetada y valorada”, sostuvo.
Diálogo frente a la polarizaciónEn sus declaraciones, también exhortó a superar la polarización y optar por el encuentro, recordando que una sociedad madura es capaz de dialogar sin destruirse. Añadió que la conversión social implica recuperar la conciencia moral colectiva, volver a escandalizarse ante lo incorrecto y rechazar aquello que no se desea para las futuras generaciones.
El cuidado de lo público, la educación en valores y el compromiso activo fueron otros puntos centrales de su mensaje. “No basta con señalar errores; la verdadera conversión se manifiesta cuando pasamos de la queja a la acción”, enfatizó.
Finalmente, el arzobispo recordó que la transformación de un país no empieza en las estructuras de poder, sino en el ciudadano. “La pregunta no es solo qué país tenemos, sino qué país estamos construyendo con nuestras decisiones diarias. Cuando cambia la conciencia de un pueblo, comienza a cambiar su historia”, concluyó.