El coronel Roberto Díaz Herrera y el fin del proceso militar: Tercera Parte
La gran crisis de 1987 y la agonía política de Noriega
A partir de la enorme conmoción pública luego de las denuncias del que hacía poco era el segundo en el mando de las Fuerzas de Defensa y las multitudinarias protestas públicas, que fueron reprimidas violentamente, con gran cobertura de medios locales e internacionales que se fueron al mundo, el régimen Norieguista ingresó en una fase puramente defensiva a nivel político y diplomático, y asimismo el gobierno estadounidense Reagan/Bush padre, bajo la lupa crítica del Congreso y en especial del Senado, donde un vocero crítico fue John Kerry- luego Secretario de Estado de Estado de Barack Obama- el cual colocó a un equipo personal a investigar los entretelones de relaciones de esa nación con un mandatario de facto, cuya figura ya era de objeto de acusaciones directas o veladas de Fiscales de Florida por cargos de narcotráfico, lavado de dinero y asociación con los Carteles colombianos de las drogas, la Casa Blanca, herida por las críticas, inició un replanteamiento de esas relaciones bilaterales con el gobierno panameño. Kerry y otros demócratas lograron informes confidenciales que confirmaban las actividades de Noriega en esos ilícitos, pese a las “buenas calificaciones formales” que le otorgaba la DEA y el apoyo férreo de también le otorgaba al panameño la CIA, directamente por su Director General William Cassey, que incluso lo recibió espléndidamente en su sede de Langsley, Virginia.
No obstante, esas entidades entre las cuales una función principal era precisamente erradicar el flagelo del cuantioso ingreso de cocaína a su territorio y contaminación social, callaban para esos tiempos de finales del 80, un secreto desconocido para la población e incluso para los grandes medios; nos referimos a lo que luego sería un escándalo gigantesco para el régimen republicano ya mencionado: “La Operación secreta y encubierta del Iran/Contras, que al iniciarse las filtraciones iniciales Reagan negó con vehemencia. Pero el Senador Kerry y otros demócratas hurgaban aún más profundamente.
Una parte de ese plan secreto se ubicaba en nuestra sub región y también notablemente en Panamá. Nos referimos al proyecto “La Contra” (sacar con mercenarios, equipos, armas, salarios y logística del poder a los Comandantes Sandinistas). La estrategia la manejó directamente George W. Bush el cual dominaba totalmente todos los resortes de la Inteligencia, seguridad y espionaje. Y uno de sus alfiles claves en ese ajedrez macabro era Manuel Antonio Noriega. Esa complicidad alta blindaba al dictador para hacer y deshacer a su antojo. Pero el secretismo era total. Gradualmente las investigaciones que adelantaba el Senador Kerry al cual se le unieron otros fueron logrando destapar-algo tarde ya- las misteriosas y ocultas operaciones. Los Mercenarios, la mayoría ex guardias Somocistas, ya estaban con armas de Europa Oriental- a fin de esconder más el rostro de la Casa Blanca si algunos eran detenidos- y entrenados previamente en especial en Honduras con la cooperación del ejército salvadoreño y fuerzas especiales argentinas llegadas al área para cooperar, ya trababan combate con el ejército sandinista, bien apertrechados en la logística y con salarios altísimos. Como ya el Senado se negó a dar dinero para ese tipo de acciones, los fondos se sacaron de la venta de miles de toneladas permitidas en secreto de las operaciones de narcotráfico, para lo cual el régimen estadounidense creo una estructura muy bien montada teniendo como Coordinador General al Tte Coronel Oliverth North, un miembro bien entrenado del cuerpo elitista de los Marine. Además se usaron pistas de aterrizajes variadas, entre ellas en Costa Rica, en ubicaciones rurales y hasta en fincas de un par de ciudadanos estadounidenses residentes en ese país. Todo estaba bien preparado, pero los combatientes anti sandinismo- que combatían por dinero y no por ideales- no tenían el coraje suficiente para tomar grandes riesgos. Por tanto el ejército sandinista colocaba mucha más pasión en la lucha y repelía con más fuerza a “Los Contra”. John Kerry y su grupo lograban más informes y ya acusaban al régimen Reagan/Bush de “negociar con el narcotráfico”, lo cual seguía siendo negado por la Casa Blanca.
En octubre de 1986 un avión C.130 con piloto estadounidense fue derribado por armas antiaéreas de los sandinistas, lleno de armas para La Contra y su piloto condenado a 30 años, que el gobierno estadounidense en una negociación, cediendo en varios puntos de interés de los sandinistas y liberado al año. Y luego, al inicio de diciembre de 1987 otra nave chica, una Cessna 172 con el piloto americano plenamente identificado con su pasaporte, el cual volaba bajo a 240 kilómetros al sureste de Managua es también derribado, mientras iba rumbo a La Ceiba, Honduras, El hombre de nombre Jordan Demby, fuertemente interrogado confesó provenir de una finca particular del estadounidense John Hull, metido hasta el cuello en la operación clandestina, el cual fue citado e interrogado luego en una Comisión del Senado, lo cual destapó más que el régimen republicano participaba en secreto y a espaldas de su Congreso en esas operaciones clandestina e ilícitas, y conectado a operaciones de narcotráfico y lavado de dinero en cantidades masivas. Esto ya formó un escándalo de proporciones magnas, y al salir a la luz novedades importantes, donde relució directamente el nombre de Noriega y sus nexos íntimos con los carteles colombianos, apuró a los fiscales de Florida a abrirle un juicio penal o Indimect. Eso apuró al dictador a que su Asamblea Legislativa le designara “Jefe de Gobierno”, para mayor protección. Sin embargo la caída de los aviones en especial el último, el de diciembre de 1987, en el caso de Panamá se agregó a la enorme crisis iniciada el 6 de junio de ese mismo año con las explosivas declaraciones del Coronel Díaz Herrera, recién retirado. Las indagaciones del senador Kerry y del grupo demócrata, ya enterados de esos hechos por múltiples despachos noticiosos lograron llamar mucho más la atención de los medios y apuntaron sus cañones al régimen Reagan/Bush. El hasta entonces “impecable mandatario”, quién había negado rotundamente sus conexiones en las operaciones clandestinas, se vio apurado a decir “que altos funcionarios le habían mentido y ocultado esos actos, e ideó destituir- por dar la cara- al Secretario de Defensa Caspar Weinberger, al Director de Seguridad Nacional, Vicealmirante John Poindexter y al SubSecretario de Estado Ellioth Abraham, más un par más y llevado a juicio al Tte Coronel Olivert North. Fue solo un show judicial, porque luego, remplazado por George Bush, este los indultó. Eran de su equipo íntimo.
El Cronograma de la Invasión de diciembre de 1989. No hay duda de que los levantamientos militares internos, luego de las declaraciones de Díaz Herrera, el primero del 16 de marzo de 1988 liderado por el Coronel Leonidas Macías y un grupo de oficiales-fallido totalmente, arrestados y torturados, y el posterior, el del 3 de octubre de 1988, dirigido por el Mayor Moisés Giroldi y una docena de militares- igualmente fallido- resultaron el prólogo de la salida final del dictador y apuró al ya nuevo mandatario George W. Bush, quien conocía los compromisos de Noriega con las drogas y su apoyo encubierto como doble agente (ya que fingía cooperar y apoyar a los sandinistas, pero estaba en planillas de la CIA, como luego sus propios abogados defensores lo aceptaron en el posterior juicio en Miami), entregado , capturado y presentado ante los fiscales en Miami por las tropas ocupantes norteamericanas luego de su hipócrita, cruel , cruel y gigantesca y desproporcionada operación militar, según Bush “para cazar al bandido” (que podían haberlo hecho prisionero con escasa resistencia en su sede militar de Fuerte Amador, a metros de tropas estadounidenses.
Pese a todos los cargos penales a Noriega y antes de la invasión militar, incluso pocos meses antes, Bush padre- temeroso de los secretos que guardaba Noriega sobre sus nexos con la DEA y la CIA, buscó evitar la invasión- pese a que ya se estaba planeando meses antes como “un ensayo a escala mayor como adiestramiento para la próxima operación “Tormenta del Desierto”- que se efectuaría contra Irack y su régimen. Para salvar a su aliado de Panamá envió unas 4 o 5 veces al Istmo al Subsecretario de Estado Michael Kozack, a fin de negociar la salida del dictador vía una renuncia, con una coordinación con el gobierno español que le acogería junto a su familia y con el compromiso de borrarle los cargos penales en Florida y que se llevara su fortuna y asegurarle sus propiedades en Panamá e incluso las de París. Noriega, cuyo negociador ante el alto funcionario estadounidense era el brillante estratega Dr. Rómulo Escobar B. “se enredó en sus cables” y un día prometía irse y otro día no, en buena parte por un grupo de Mayores de un “Consejo Estratégico Militar”, el cual, preocupado y asustado por perder sus mandos y canonjías, le tomaron del pantalón para que no renunciara. Perdida esa oportunidad de oro, Noriega se complicó en otro actos ofensivos para la Casa Blanca, entre ellos la captura del espía gringo Frederick Muse- mientras instalaba una red clandestina y luego la muerte del Teniente Robert Paz del US Army, fueron los detonantes para que George W. Bush autorizara la sangrienta invasión militar del 20 de diciembre con centenares de muertos y heridos y algunas bajas de los invasores, con la vergonzosa huida de Noriega y su jugadas de escondrijo, abandonando a sus oficiales y tropas a su suerte, resultó en la mayor operación militar post guerra de Vietnam, con sus terribles consecuencias.