Nacionales

Monseñor Ulloa hizo un llamado a la conciencia social durante la homilía del II Domingo de Pascua

12 de abril de 2026

El arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa, recordó durante la celebración de la segunda homilía de Pascua que las «llagas del Resucitado» siguen presentes hoy en el país, especialmente en los más vulnerables.

«La paz que Jesús nos da no es ausencia de problemas. No es comodidad. No es evasión. Es la fuerza del amor que venció el odio. Es el perdón que derrota la venganza. Es la misericordia que desarma la dureza del corazón. Es la bondad que resiste en medio de tanta maldad. Es la certeza de que el amor de Dios sigue siendo más fuerte que todas las heridas del mundo. Y cuánto necesita Panamá esa paz. La necesitan nuestras familias; la necesitan nuestros jóvenes; la necesitan nuestros barrios; la necesitan quienes viven sin empleo, quienes viven con miedo, quienes arrastran heridas invisibles, quienes sienten que la vida les ha golpeado demasiado, quienes creen que ya nadie los mira con dignidad. Panamá necesita la paz de Cristo. No una paz superficial, sino una paz nacida del Evangelio, una paz que transforma la vida, una paz que pasa por la verdad, la justicia, el perdón y la reconciliación», expresó el prelado durante la misa.

Ulloa hizo un llamado a renovarnos, a dejarnos impulsar por el Espíritu para salir con mayor ardor misionero al encuentro de nuestro pueblo, especialmente de aquellos alejados y excluidos, recordando que en Panamá 482 033 niños viven en pobreza: uno de cada tres. Ante esta realidad, la Iglesia está llamada a salir, acompañar y actuar, no a quedarse como espectadora.

En el marco del centenario arquidiocesano, se destacó que, más que una celebración, es una oportunidad para renovar la misión.

El mensaje central se mantiene: Dios ama a cada persona y ese anuncio sigue siendo fuente de esperanza y transformación.

«La gratitud auténtica siempre se convierte en responsabilidad. Todos seremos una Iglesia en misión. Todos. No solo algunos. No solo los de siempre. No solo los que tienen un ministerio visible. Todos, porque todos hemos sido bautizados. Todos, porque todos hemos recibido una llamada. Todos, porque todos tenemos algo que ofrecer. Todos, porque nadie sobra en la Iglesia y nadie queda excluido del envío de Cristo», manifestó.

Finalizó su intervención con algunos preceptos: «Tocar las llagas del Resucitado en Panamá significa atrevernos a mirar de frente la realidad, dejarnos conmover, dejarnos interpelar y comprometernos. Significa no pasar de largo, sino estar, denunciar y acompañar. El desafío de este centenario y de esta Cita Eucarística es ser una Iglesia creíble; una Iglesia samaritana; una Iglesia que no solo habla de Cristo, sino que lo hace visible».

Recordó que las llagas del Resucitado están en el pobre que lucha cada día por sobrevivir y siente que el futuro se le escapa de las manos; en tantas familias que viven entre estrecheces, haciendo milagros para llevar el pan a la mesa; en los jóvenes que han perdido la esperanza y viven rodeados de mensajes vacíos, de violencia, de tentaciones, de caminos oscuros que les prometen salida, pero los hunden más; en las familias fracturadas, los hijos que crecen sin la ternura necesaria, en los matrimonios golpeados por la indiferencia y en la mujer herida en su dignidad.

«En nuestro país, uno de cada tres niños vive en pobreza y uno de cada seis en pobreza extrema, realidad que golpea con mayor fuerza a la niñez indígena. Esta situación no solo describe un problema social, sino que cuestiona nuestras prioridades como sociedad. Sabemos que la primera infancia, de 0 a 6 años, define el desarrollo integral de la persona; permitir que crezca marcada por la pobreza es perpetuar la desigualdad. No podemos aceptar que la geografía o el origen determinen el destino de una vida. Por eso, este es un llamado firme a todos: a las autoridades de los tres órganos del Estado, al sector privado, a la sociedad civil, a las universidades, a los gobiernos locales, a las comunidades, a las organizaciones sociales, a los sectores sindicales... a todos. Porque todos somos responsables. Nadie puede quedar al margen», expresó.

Panamá, con más de 4.2 millones de habitantes, no puede llamarse desarrollada si su niñez sufre hambre, enfermedades prevenibles o abandono. El verdadero desarrollo se mide en la dignidad concreta de cada niño y niña. Nuestra niñez no es solo el futuro, es el presente que estamos decidiendo hoy. Porque un país que no cuida a su niñez está renunciando, en silencio, a su propio mañana.

Contenido Patrocinado
TE PUEDE INTERESAR