Opinión

11 de septiembre se perdió el glamour de viajar

24 de septiembre de 2026

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en los EE UU, marcó una ruptura definitiva en la historia de la aviación, transformando un ritual de sofisticación y glamour, en un proceso logístico dominado por la fricción y la vigilancia.

Se crearon organismos de control estricto en los aeropuertos globales, transformando permanentemente la experiencia de viajar en avión.

Antes de los atentados, despedir a un familiar en la puerta de embarque o esperarlo justo al salir del túnel del avión era parte natural del viaje. La terminal funcionaba como un espacio abierto de encuentro; hoy es una zona estrictamente segmentada y restringida.

La creación de la TSA (Transportation Security Administration) y la estandarización de protocolos globales convirtieron el paso por el aeropuerto en un trámite estresante. Descalzarse, sacar computadoras portátiles, medir líquidos en frascos de 100 ml y pasar por escáneres corporales sustituyeron la agilidad previa por filas interminables e inspecciones minuciosas.

El blindaje de las puertas de la cabina de mando terminó con la costumbre de permitir a los pasajeros, especialmente a los niños, saludar a los pilotos, los cubiertos metálicos y ciertos elementos de confort se eliminaron o modificaron.

La sugerencia de llegar con una hora de anticipación quedó obsoleta, obligando a los viajeros a prever entre dos y tres horas para sortear los filtros. El viaje dejó de comenzar al abordar el avión y pasó a ser un maratón de verificación documental y física. El acto de volar perdió ese carácter de celebración exclusiva.

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