Comer bien no requiere de millones
La adecuada alimentación debe convertirse en un tema prioritario para la sociedad panameña, pues la forma y el contenido de lo que consumimos marcan la diferencia en la mejora de la salud. El equilibrio y el conocimiento sobre la proporcionalidad de los alimentos resultan fundamentales; es decir, comer sin excesos puede transformar nuestro bienestar. No se trata de dejar de comer, sino de comprender qué ingerimos y qué impacto tiene cada alimento en el organismo.
Si bien es cierto que la industria alimentaria se ha transformado en un sector altamente lucrativo, es importante destacar que no se necesita un presupuesto elevado para alimentarse de manera saludable. Existen productos accesibles que se adecúan a la realidad económica nacional, cuyo consumo se facilita si desde la infancia se fomenta el gusto por una dieta variada. Actualmente, uno de los principales obstáculos son los prejuicios alimentarios; expresiones como “yo no como esto” o “yo no como aquello” limitan una nutrición adecuada, recordando que lo más costoso no siempre es lo más beneficioso.
Por ejemplo, un vaso de agua resulta exponencialmente más provechoso para la salud que diversas bebidas comerciales que prometen saciar la sed y aportar grandes cantidades de nutrientes. Asimismo, la técnica de preparación desempeña un rol crucial: cocinar al vapor o sancochar no debe ser sinónimo de platos insípidos, del mismo modo que la sal no es el único recurso para dar sabor. El equilibrio culinario es lo que hace que una preparación sea apetecible, sin necesidad de recurrir a la condimentación excesiva.
Comer debe ser un placer que no comprometa la salud. Para alcanzar este objetivo, es indispensable integrar la educación nutricional en el plan de estudios escolar y en los talleres para padres de familia, ofreciendo capacitaciones y modelos prácticos para elaborar comidas saludables sin perjudicar la economía familiar ni alterar la rutina diaria.