Opinión

Cuando conducir deja de ser un acto de responsabilidad

07 de octubre de 2026

En Panamá, los accidentes de tránsito se han convertido en una dolorosa realidad que cobra vidas diariamente. Atropellos, exceso de velocidad, irrespeto a las señales de tránsito y la conducción bajo los efectos del alcohol o sustancias psicoactivas siguen dejando familias marcadas por el dolor y la ausencia.

Lo más preocupante es que, ante un atropello, algunas personas deciden acelerar y huir, abandonando a la víctima a su suerte. Como si escapar pudiera borrar una vida, una evidencia o una responsabilidad. Pero no podemos normalizar la indiferencia.

Parece que hemos olvidado aquellas frases que alguna vez fue un llamado a la responsabilidad: “Cuando maneje, no tome, conduzca con responsabilidad, no rebase en doble línea amarilla, precaución: zona escolar”. Hoy necesitamos recordarlas y convertirlas nuevamente en un compromiso con la vida.

Necesitamos conductores resilientes, conscientes y responsables. Personas capaces de comprender que llegar unos minutos antes nunca valdrá más que una vida. Necesitamos seres humanos que, ante un accidente, se detengan, auxilien y llamen a quienes puedan ayudar, en lugar de pisar el acelerador.

Detrás de cada volante hay una decisión. Y detrás de cada peatón hay una vida.

No conduzcamos pensando únicamente en llegar. Conduzcamos pensando en regresar todos a casa.

La empatía también salva vidas.

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