De la toga romana al saco de vestir
Por estos días fui invitado a un acto académico ceremonial en donde se anunciaba el inicio de una carrera académica doctoral. Al llegar, un colega me mira y señalándome dice; “vienes bien togado”, refiriéndose a mi vestimenta, sonreí y le dije ...” es solo un disfraz”, mientras, seguía mirando fijamente mi corbata.
La toga tiene su origen en la antigua Roma, derivada de las mantas de origen etrusco, y se consolidó como la prenda distintiva de los ciudadanos romanos libres durante la República y el Imperio.
La palabra toga proviene del latín, del verbo tegere, que significa «cubrir» o «proteger». En la Roma clásica, la toga era una amplia pieza semicircular de lana blanca de entre 3.5 y 6 metros de longitud que se envolvía minuciosamente sobre el cuerpo. Su uso era un derecho exclusivo de los ciudadanos romanos libres (cives); a extranjeros, esclavos y exiliados se les prohibía vestir de esta manera.
Con la caída del imperio romano y la evolución del vestuario, la toga dejó de ser una prenda de común para transformarse en un hábito ceremonial. Hoy conserva dos significados claves, en el ámbito Judicial: Usada por jueces, fiscales y abogados, simboliza la solemnidad de los tribunales, la autoridad de la ley y la neutralidad del cargo.
Y en el ámbito académico: empleada en graduaciones e investiduras universitarias que representa el rigor intelectual, el mérito y la incorporación formal a una comunidad de conocimiento, pero en el argot popular panameño, significa bien vestido.