EDITORIAL : Una bendición de Dios
Los daños materiales son enormes. Edificios públicos, privados, residencias, centros sanitarios, carreteras, hoteles y hospedajes, así como diversas infraestructuras públicas, en varias provincias, sufrieron las consecuencias del terremoto del viernes.
Llamó la atención a nivel internacional que un terremoto de tal magnitud tuviera un número bajo de heridos y ningún fallecido. Las razones son diversas.
En la ciudad capital, el estricto cumplimiento de los códigos antisísmicos, y la actitud cívica de los ciudadanos contribuyeron a que los daños sean fundamentalmente materiales.
Es una bendición de Dios que las fuerzas de la naturaleza no dejaran los altos niveles de destrucción que hemos visto en países hermanos como Venezuela y Colombia. Ahora, hay que reconstruir.