El Canal, el cobre y la OCDE en la geopolítica criolla
Para fortalecer la posición geopolítica, económica y cultural de Panamá, no necesitamos adoptar ciegamente los “estándares” que la OCDE ha venido imponiéndonos, insaciablemente, durante décadas.
Lo que necesitamos es una estrategia diplomática permanente, enfocada en defender y promover nuestros intereses nacionales con visión de largo plazo, sin complejos pueblerinos.
Panamá debe actuar como un país estratégico, no como un actor subordinado, sobre todo ante una Unión Europea en franca decadencia. Percibo en este gobierno un legítimo intento de corregir ese rumbo.
El Canal, por su peso estratégico, debe convertirse en una herramienta geopolítica que fortalezca nuestros objetivos nacionales. De la misma forma que los Estados Unidos hace con su dólar y los miembros de la OPEP con su petróleo.
Eso no viola el Tratado de Neutralidad, cuya cobertura aplica al Canal, no a la política exterior panameña; y dentro del Derecho Internacional todo país tiene derecho a la legítima defensa.
El cobre será para el siglo XXI lo que el petróleo fue para el siglo XX. Convertir a Panamá en un actor relevante del mercado minero mundial fortalecería nuestro peso geopolítico mucho más rápido que entrar a la OCDE.
Basta observar el caso de los Emiratos Árabes Unidos: un país pequeño, mayormente desértico, que transformó recursos naturales en influencia global.
En lo económico, vale la pena reflexionar: entre 2000 y 2025, las economías OCDE crecieron en promedio alrededor de 1.5% anual. Panamá, pese a listas discriminatorias y presiones externas, creció cerca de 5.5% anual.
No entrar a la OCDE no significa rechazar toda cooperación internacional. Significa defender el derecho soberano de Panamá a no aceptar imposiciones ni listas que contradicen principios básicos del derecho internacional, especialmente cuando provienen de burocracias foráneas en cuya elaboración normativa no participamos.