El costo del estancamiento: Por qué crecer al 4% ya no es suficiente para Panamá
Panamá se encuentra en una encrucijada económica fascinante donde las proyecciones y la realidad cotidiana parecen transitar por carriles distintos. Mientras los organismos internacionales y el último informe del Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) proyectan un crecimiento cercano al 4% para este 2026, la sensación en el entorno empresarial y en las calles es de una cautela profunda.
Otros análisis hechos por especialistas en la materia como lo señalasn algunos de los Informes de Entorno Económico (Indesa/CBI) 2025 – 2026, coinciden en que estas cifras, aunque alentadoras en el papel, suelen ocultar grietas estructurales que requieren una visión estratégica y una ejecución precisa para ser sanadas.
El informe del CONEP es contundente al señalar que el clima de negocios enfrenta retos críticos de confianza e institucionalidad, advirtiendo que no es suficiente con que el Producto Interno Bruto (PIB) muestre números positivos si ese avance no se traduce en una generación sostenida de empleo formal.
Actualmente, la informalidad en nuestro país roza el 50%, un lastre que, según diversos especialistas, frena cualquier arquitectura de resiliencia nacional y limita drásticamente el poder adquisitivo de la población panameña.
Desde la perspectiva de la alta gerencia y la consultoría estratégica, es evidente que el estancamiento de los sectores productivos impacta de forma directa en la competitividad de toda la nación.
Los sectores estratégicos, cuando son gestionados bajo estándares de transparencia y seguridad jurídica, no deben verse como compartimentos separados, sino como engranajes de un motor que dinamiza la construcción, la logística, la banca y el consumo interno. Sin embargo, este crecimiento numérico es una trampa si no viene acompañado de una desburocratización real que permita a la empresa privada operar con agilidad.
El informe del CONEP ha insistido en que Panamá sigue siendo un entorno complejo para la inversión debido a la tramitología excesiva, una postura respaldada por otros análisis hechos por especialistas en la materia que ven en la ineficiencia estatal el principal freno a la inversión extranjera directa. Para quienes hemos analizado la evolución del mercado panameño por décadas, queda claro que la eficiencia administrativa y el respeto a la ley son hoy tan vitales como el capital mismo.
Panamá posee el equipamiento necesario para destacar: un Canal fortalecido, un sistema bancario sólido y una posición geográfica privilegiada que nos coloca en el centro del comercio global. No obstante, urge actualizar el marco de gobernanza y la capacidad de convertir los grandes proyectos en bienestar real para el ciudadano.
La recomendación fundamental para este 2026 es transitar definitivamente de la reactivación a la transformación estructural. Debemos priorizar el fomento de la inversión público privada en infraestructura crítica para reducir costos operativos y, paralelamente, establecer incentivos fiscales directos para aquellas empresas que logren migrar trabajadores de la informalidad hacia la seguridad social. El futuro de nuestra economía no se escribe solo con proyecciones estadísticas, sino con la voluntad política y gremial de ejecutar las reformas que den certeza al inversionista.
Es momento de dejar las decisiones pasionales en donde cerramos o estancamos sectores económicos importante para el país, para dejar de medir simplemente cuánto crecemos y empezar a evaluar, bajo criterios técnicos rigurosos, qué tanto estamos avanzando hacia un modelo de desarrollo sostenible, competitivo y equitativo.
Empresario | Especialista en Proyectos de Desarrollo de Alto Impacto y Sostenibilidad Empresarial | Expresidente de Cámara Minera de Panamá.