Opinión

El emprendedor Don Toño

21 de septiembre de 2026

Fueron tiempos inolvidables y una época que es muy difícil borrar de nuestra mente. Recordamos a esos panameños con una visión de emprendimiento como Don Toño, propietario de un pequeño restaurante de comida criolla, con el que sostenía a su familia y la educación de sus hijos.

El local estuvo ubicado por décadas en el pleno centro del Casco Antiguo, en la Avenida A, a unos pasos de la Iglesia San José. Preparaba un menú delicioso, con una buena sazón y a precios bajísimos.

Don Toño, de tez trigueña, 1.70 de estatura, amable y campechano, siempre soportó el despelote que formaba la “gallada” cuando llegaba a refinar en horas de la noche. El local era el epicentro del encuentro de la muchachada, que solía ser entre las 7 y 8 de la noche. A esa hora, Don Toño ponía a la venta hojaldres, bofe, bistec encebollado, bistec picado, salchichas guisadas, tortillas, empanadas de maíz y harina, de pollo y de carne. La compra que hacíamos era en medio de un descontrol; el ambiente se tornaba como si fuera un mercado público y queríamos que nos atendiera a todos a la vez.

Cuando nos hacía falta dinero, nos daba “el fiao o fiado”, y eso era otro trumunducu. Pero cuando nuestros padres nos daban la mesada, le cancelábamos la cuenta. Él conocía muy bien a la “gallada”.

Don Toño trataba de poner orden, pedía paciencia y que bajáramos la voz para escuchar los pedidos, todo ante la presencia de otros comensales. Pero era imposible controlar al grupo. Cada vez que llegábamos al local, Don Toño lo pensaba dos veces por el dolor de cabeza que le causábamos.

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