Extraños otra vez
“Él hablaba de trenes, en donde no había rieles”
Polly, como cariñosamente Esteban llamaba a la mujer que alguna vez fuera cómplice de casi todo.
Ellos compartían la misma cama, los mismos sueños, planes y aquellos secretos que solo confesaron en su intimidad.
Ellos aprendieron a leerse sin preguntas. Esteban reconocía la tristeza detrás de la sonrisa de Polly, el silencio que cargaba cuando algo le dolía, hasta esa mirada esquiva para no demostrar su pesar.
Ella también aprendió a reconocer sus temores, sus silencios y aquella vieja costumbre de quedarse despierto, cuando las preocupaciones le robaban el sueño.
Parecía que eran el uno para el otro... Pero algo ocurrió. Pero nadie supo cuándo.
Quizás fue una despedida sin nombre, o tal vez los años, esos años, ladrones silenciosos, que les robaron el amor, dejándolos solo con la rutina.
Ambos decidieron sostener una historia que empezaba a perder sus páginas como un libro viejo. Una noche, Polly miró a Esteban y sintió una tristeza inexplicable. Ella conocía su rostro, su voz, pero vio sus ojos vacíos. Él sintió lo mismo al verla. Quizás esa fue la verdadera despedida.
Esa noche no hubo gritos, no hubo llantos ni reproches. Solo dos seres que alguna vez fueron refugio mutuo, y que hoy lentamente dejaron de reconocerse.
Volvieron a ser extraños, pero lo más doloroso es que se conocían demasiado para poder olvidarse.