Hazlo Simple – “Keep it Simple”
Decían los ingenieros aeronáuticos de Lockheed que el mejor enfoque para hacer que las cosas funcionen eficientemente es mantenerlas lo más simple posible. Panamá ha construido una reputación sólida como centro logístico, financiero y de servicios. El Canal, la conectividad aérea, el dólar y un sistema financiero estable han convertido al país en un destino atractivo para invertir; sin embargo, existe un problema estructural que nos asfixia: la burocracia excesiva y la lentitud en la tramitología.
En un entorno global donde el capital se mueve con rapidez, las empresas cuentan con gran presión para el retorno de su inversión, el tiempo se ha convertido en un factor determinante. Los proyectos, ya sean industriales, logísticos, inmobiliarios o energéticos, se evalúan sobre la base de retornos esperados dentro de horizontes de tiempo muy precisos. Cada mes de retraso afecta el retorno sobre la inversión. Cuando la puesta en marcha de un proyecto demora por trámites administrativos, el proyecto pierde atractivo frente a alternativas en otros países, y ahí es donde Panamá pierde frente a otros países de la región al momento de captar inversión extranjera directa que no requiera estar ubicada en Panamá.
Este problema se observa claramente al comparar la experiencia de inversionistas en Panamá con la de otros mercados de la región. En muchos casos, proyectos industriales que en otros países pueden aprobarse y empezar a ejecutarse en cuestión de meses, tardan en Panamá un año o más en obtener todos los permisos necesarios. El inversionista debe navegar una compleja red de autorizaciones que involucra múltiples entidades: permisos municipales, MINSA, MIAMBIENTE, Bomberos, entre otros muchos. Cada paso implica formularios, revisiones, requisitos adicionales y, en ocasiones, trámites que no se procesan de manera simultánea sino secuencial.
El problema no es la existencia de controles. Los permisos ambientales, sanitarios o de seguridad cumplen funciones legítimas y necesarias. El problema surge cuando los procedimientos se vuelven innecesariamente complejos, redundantes o en algunos casos intencionalmente lentos. Cuando múltiples instituciones revisan aspectos similares sin coordinación entre ellas, el sistema deja de ser un mecanismo de control eficiente y se convierte en un obstáculo para el desarrollo.
La simplificación administrativa debe convertirse en una prioridad nacional. No se trata de eliminar regulaciones esenciales, sino de rediseñar los procesos para hacerlos más rápidos, transparentes y simples. La digitalización de trámites, la creación de ventanillas únicas para proyectos de inversión y la coordinación interinstitucional pueden reducir de manera significativa los tiempos de aprobación sin sacrificar estándares regulatorios.
Además, la simplificación administrativa tiene un impacto directo en la lucha contra la corrupción. Cuando un inversionista debe obtener múltiples permisos de diversas instituciones, cada etapa del proceso puede convertirse en un punto de presión indebida. Mientras más funcionarios intervienen en un proceso y más discrecionalidad existe en la aprobación o velocidad de los trámites, mayores son las oportunidades para prácticas irregulares. Reducir la cantidad de pasos, estandarizar criterios y digitalizar procesos limita esos espacios y fortalece la transparencia.
Panamá tiene ventajas estructurales y geográficas que pocos países de la región pueden igualar. Sin embargo, la competencia por atraer inversión es cada vez más intensa. Países como República Dominicana y Costa Rica han avanzado significativamente en la agilización de procesos administrativos para proyectos productivos, lo que les permite capitalizar oportunidades que antes habrían llegado a Panamá.
Si el país desea mantener su liderazgo regional como destino de inversión, debe abordar con urgencia el problema de la burocracia excesiva. Simplificar trámites no solo acelera la llegada de nuevas inversiones; también fortalece la transparencia institucional, mejora la competitividad del país y envía una señal clara de que Panamá está preparado para competir en una economía global donde el tiempo, cada vez más, vale tanto como el capital.
Por Alberto López Tom.