La puerta falsa del suicidio
El tema es muy incómodo y muchas veces obviamos hablar de ello. El suicidio es una de las problemáticas de salud pública más complejas a nivel global. Las estimaciones recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el estudio del Global Burden of Disease estiman entre 720,000 y 740,000 fallecimientos al año por suicidio, una persona cada 40 a 43 segundos.
Es la tercera causa de muerte en jóvenes en edad de 15 a 29 años, la tercera causa de mortalidad global. El 73% de los suicidios ocurren en países de ingresos bajos y medianos, desmintiendo la idea de que es un fenómeno exclusivo de países desarrollados.
Durante una crisis aguda o depresión severa, el cerebro experimenta un estrechamiento de la percepción, donde la mente cree que el dolor nunca terminará ni encontrará otra alternativa.
Muchos casos ocurren de forma impulsiva ante estresores financieros, rupturas afectivas, violencia, duelo o enfermedades crónicas. Rara vez se debe a una sola causa; suele combinarse con factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales.
El suicidio se puede prevenir. Las estrategias más efectivas incluyen: Restringir el acceso a los medios utilizados para el suicidio. Desestigmatizar la salud mental para que buscar ayuda psicológica o psiquiátrica, no sea visto como un signo de debilidad.
Se suele calificar como una “puerta falsa” porque se percibe erróneamente como una solución definitiva a un problema temporal.