Opinión

La última carcajada de Lucho Moreno

06 de mayo de 2026

En esta vida, donde constantemente recibimos latigazos sentimentales, es necesario liberar tensiones deslizando sorbos de humor, sin caer en actitudes circenses. Hace varios meses, disfruté un almuerzo con el Ingeniero Luis Horacio Moreno Tejeira, en su apartamento situado en Punta Paitilla, frente a la bahía, cuyas aguas acarician las costas de “la muy noble y muy leal ciudad de Panamá”. La reunión rociada de viandas y salpicada de anécdotas, nos permitió, junto a su hija Michelle y el amigo Javier Burgos, que llegó de Chitré, recordar que Punta Paitilla fue vertedero de la Zona del Canal [de Panamá] y la Avenida Balboa llegaba hasta el Parque Urracá luego se extendió por toda la costa, cruzar, mediante la construcción de un puente, la desembocadura del Río Matasnillo y permitir que emergiera esta majestuosa urbanización. Después de almorzar y al despedirnos, Javier Burgos ponderó la exquisitez de los alimentos y alaba la destreza de las encargadas de la cocina. Bruscamente lo refuté y los presentes palidecieron momentáneamente. Admití que, si bien es cierto que los alimentos fueron deliciosos, el éxito de tanta destreza en la cocina no se debía a quienes prepararon la comida, sino a Tropigas porque si esta empresa no pone el combustible no disfrutaríamos de los manjares. Lucho Moreno lanzó estruendosa carcajada que jamás en más de 40 años de conocerlo le había escuchado. Fue su última carcajada porque pocos meses después falleció. * El autor es periodista.

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