Opinión

Mariato: Corazón productivo de Veraguas y testigo de la historia

20 de octubre de 2026

Mariato es uno de los distritos más jóvenes en la división política de la provincia de Veraguas. Limita al sur este con la provincia de Los Santos, separado por un bloque de montañas pronunciadas.

Hoy en día, es una de las regiones más productivas del sur veragüense, destacando en la producción de arroz, la ganadería y la pesca artesanal. Con justa razón se le llama el “corazón arrocero” de la provincia, al aportar el 60% de la producción local; además, el 43% de los ingresos de su población proviene de estas actividades agropecuarias. Aunque persiste la pobreza rural, la mayoría de sus moradores encuentra el sustento diario en sus tierras y costas. La agricultura mecanizada y para la exportación emplea el 61% de su población un dato estadístico espectacular.

A pesar de su distancia de Santiago, la capital provincial, Mariato es una región estratégica elogiada por su impacto socioeconómico y su creciente potencial turístico. Cuenta con 26 playas, magnificas para el desarrollo del deporte de surf. Desde pequeño escuché hablar con fascinación de Mariato, Torio y Arenas de Quebro.

De hecho, conviví con Rebeca, Cristino, Challi y Reyna, hijos de uno de los pilotos más consagrados de la provincia: el Capitán Agapito Pimentel. Él dedicaba vuelos diarios a estos recónditos lugares para transportar pasajeros y productos. Trágicamente, el Capitán Pimentel perdió la vida cuando su aeronave no logró levantar vuelo y uno de los neumáticos rozó contra una peña al borde de la pista de aterrizaje rural en Arenas de Quebro.

Por aquellos mismos tiempos, mi vecino José Isabel Vásquez fue nombrado maestro de enseñanza primaria en la zona. Sus narraciones coincidían con la riqueza del área, con la salvedad de que sus viajes para cumplir con el deber de educador debían ser por mar hasta puerto Mutis en Montijo; los vuelos eran un lujo que pocas veces se podía permitir.

Años más tarde, mi propia profesión me llevaría a constatar el valor estratégico de esta tierra. En 1987, como corresponsal de la Agence France-Presse (AFP), conocí Mariato desde el aire, viajando en un helicóptero Super Puma de fabricación francesa. En ese momento, el cuerpo de ingenieros del Comando Sur de los Estados Unidos realizaba, junto a las Fuerzas de Defensa de Panamá, el programa “Fuertes Caminos”. Este consistía en obras civiles como la apertura de trochas para carreteras, puentes y escuelas, buscando facilitar la comunicación terrestre de una forma menos traumática para los lugareños.

Mi memoria histórica recuerda que en la opinión pública corrían fuertes rumores de que el Comando Sur intentaba instalar una base militar en la zona. De allí nació la invitación a la prensa internacional: las autoridades querían que comprobáramos in situ las actividades reales que provocaban aquel inusual despliegue de soldados en trajes de campaña.

Eran tiempos convulsos. En todo el país se desarrollaba una profunda discordia política, marcada por masivas protestas civiles que buscaban forzar la salida del general Manuel Antonio Noriega. Ya en el terreno —en un poblado cuyo nombre se me escapa— se unió a la comitiva el General John Galvin, jefe del Comando Sur. Había una febril actividad: maquinaria pesada, ingenieros y soldados tanto panameños como estadounidenses. El mensaje oficial que se respiraba era de total armonía y cooperación militar y civil entre ambas naciones. Noriega aprovechó el escenario ante los corresponsales no solo para justificar el objetivo de las maniobras, sino también para defenderse de las graves acusaciones en su contra por la represión política a la oposición.

Hoy, casi cuatro décadas después de aquellas maniobras, la naturaleza ha vuelto a desnudar la fragilidad de Mariato. El sismo destruyó sus viviendas y fracturó la carretera que tanto costó trazar, dejando a cientos de personas refugiadas en colinas y viviendo a la intemperie, pero en los ojos de la gente no hay espacio para la espera. Mariato le ha dado aportes a Veraguas durante décadas con su arroz y su pesca; hoy es Panamá quien debe responder con la urgencia que la catástrofe exige. La ayuda tiene que llegar hoy, no Mañana.

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