“Me pasé la vida imaginándote”
Mi café de siempre, negro y amargo, para arrancar mi día, y el trino habitual de cada mañana. Yo sostenía mi taza, resignado, hasta que llegaron los recuerdos, y entraste tú. El tiempo no se detuvo, pero se volvió más lento. Te sentaste a mi lado, venias vestida de una distracción magnética y una sonrisa ligera que parecía guardar un secreto. Nos tomamos de la mano y cruzamos miradas, fue un instante breve, apenas unos segundos eternos, suficiente para llenar mis espacios. En tu mirada encontré una calidez extraña, como la de un lugar familiar al que se regresa después de mucho tiempo.
No creo en las casualidades, pero creo firmemente en los momentos que marcan un antes y un después. Tú presencia ha cambiado el ritmo de mis días, sin tú saberlo. Me quedé pensando de como un instante tan sutil, pudiera encender tantas ganas de acercarme y romper el hielo con cualquier excusa. Dicen que las mejores historias comienzan con una mirada o una palabra atinada.
Nuestra historia empezó hoy, en mi mente, mientras te miraba, tratando de descubrir el mundo detrás de tu taza de café. Me gustaría invitarte a que te sientes en mi mesa y descubrir el resto de tu historia, y hacerlo tan fascinante como el primer capítulo que acabas de escribir en mi vida.