Opinión

No es libertad: es violencia

21 de septiembre de 2026

Hemos confundido la libertad de expresión con el derecho a destruir a otros.

En las redes sociales, señalar, insultar, ridiculizar y exponer se ha convertido en entretenimiento. Autoridades, políticos, funcionarios y padres pueden cometer errores; pueden ser cuestionados y, por supuesto, deben responder por sus actos. Pero detrás de cada uno existe una historia, una familia, un hijo, un nieto y, muchas veces, menores que también reciben el impacto de esa violencia.

Hoy, además, la inteligencia artificial puede multiplicar el daño. Una imagen manipulada, un audio falso o una publicación fabricada pueden destruir una reputación en minutos. Bajo el pretexto de “exponer la verdad”, podemos terminar construyendo una condena pública sin juicio, sin contexto y sin medir las consecuencias.

La violencia digital no siempre deja heridas visibles. Destruye profesiones, relaciones, reputaciones, recuerdos, autoestima y, en los casos más dolorosos, puede poner vidas en riesgo.

La salud mental tiene límites. Y cuando una persona es sometida diariamente al odio, la humillación y el señalamiento, nadie puede conocer realmente hasta dónde llegará el daño.

Hemos aprendido a escribir cosas que jamás nos atreveríamos a decir frente a frente.

Por eso, antes de publicar, compartir o destruir a alguien, preguntémonos: ¿Y si mañana le toca a alguien que amo?

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