Panamá no puede ahogarse en la indiferencia
Las lluvias no son una sorpresa: son una advertencia repetida que cada año desnuda nuestras debilidades. Cuando un río se sale de su cauce, una quebrada invade una vivienda o una calle se convierte en corriente, no estamos frente a un simple fenómeno natural; estamos ante las consecuencias de la falta de prevención, planificación y responsabilidad colectiva.
Panamá crece con edificios, carreteras y urbanizaciones, pero muchas veces olvida proteger sus drenajes, sus cuencas y a las familias que viven en zonas vulnerables. Botar basura en cunetas, alcantarillas y ríos parece un acto pequeño, pero puede convertirse en una tragedia para una comunidad entera. La basura tapa el paso del agua; el agua busca salida; y casi siempre la encuentra dentro de la casa del más humilde.
No esperemos una pérdida humana para reaccionar. Exijamos a las autoridades limpieza, mantenimiento, obras responsables y alertas oportunas. Pero también asumamos nuestra parte: no contaminemos, no construyamos donde el peligro es evidente y no arriesguemos la vida cruzando corrientes crecidas.
La conciencia ciudadana también salva vidas. Panamá necesita menos indiferencia y más prevención, porque ninguna lluvia debería convertirse en luto.