Científica panameña que traduce la voz del océano
En el marco del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, que se celebra cada 11 de febrero, la oceanógrafa Alexandra Guzmán Bloise nos recuerda que el camino hacia el éxito científico no siempre es una marea en calma.
Lo que comenzó como un juego de niña, recogiendo conchas en la orilla, se convirtió en una carrera de resistencia contra los prejuicios. Guzmán confiesa que la ciencia aún posee estructuras rígidas donde las mujeres deben trabajar el doble para ser valoradas, pero su motor es claro: “La resiliencia no es aguantar en silencio, sino seguir avanzando con el propósito de dejar una huella positiva”.
Más allá de los datos técnicos, su vida bajo las olas tiene momentos dignos de una comedia. Desde olvidar la tarjeta de memoria antes de una sesión de fotos submarinas, hasta admitir que sí les habla a las ballenas “estilo Nemo”, esta oceanógrafa humaniza la profesión con humor. Incluso tiene claro quién sería su compañero ideal de trabajo: “Definitivamente un pulpo; con todos sus tentáculos podría hacer varias tareas al mismo tiempo... sería el asistente perfecto”. Esta mezcla de rigor y carisma es lo que la convierte en un faro para las niñas que sueñan con lo que otros llaman “inalcanzable”.
Para Guzmán, el “superpoder” que las mujeres aportan hoy a la ciencia es la empatía, esa capacidad única de traducir lo técnico en acciones humanas y sociales. Su mensaje para las futuras científicas es una lección de vida: “Lo difícil no es un obstáculo, es parte del progreso... el mar te enseñará por qué los procesos profundos toman su tiempo”. Con esta visión, busca inspirar a que más panameñas se atrevan a sumergirse en la investigación, recordándoles que “todas podemos” si nos apoyamos mutuamente.