Alexander Zverev, la coronación tardía de un tenista controvertido
El alemán Alexander Zverev, que el jueves se aseguró convertirse el lunes en N.1 mundial por primera vez en su carrera, es un tenista tenaz de 29 años que arrastra una reputación todavía manchada por acusaciones de violencia doméstica.
Nacido el 20 de abril de 1997 en Hamburgo, "Sascha" ha estado ligado al tenis desde su tierna infancia.
Sus padres, Irina y Alexander Zverev, fueron modestos tenistas rusos que llegaron a Alemania en 1991 tras la desintegración de la Unión Soviética. Su hermano Mischa fue también tenista.
Alexander Zverev alcanzó el nivel profesional en 2013, en plena hegemonía del Big 3 que formaban el suizo Roger Federer, el español Rafael Nadal y el serbio Novak Djokovic.
Su primer título ATP llegó en 2016 en San Petersburgo contra el suizo Stan Wawrinka, que acababa de ganar el Abierto de Estados Unidos.
Pero su primer golpe de efecto llegó a los 20 años tras conquistar su primer Masters 1000 sobre la tierra batida de Roma, contra Djokovic.
"Cuando tenía once o doce años creía que a los 20 años habría ganado sin duda cuatro torneos Grand Slam. Pero hacia los 16 años empecé a ser más realista", bromeaba entonces este jugador elocuente, propenso a recurrir al humor o la ironía.
Pero tras el Big 3 llegó el ascenso de Jannik Sinner y Carlos Alcaraz, y Zverev tuvo que esperar a los 29 años para levantar su primer Grand Slam en Roland Garros, en junio de 2026.
Tres meses después llegó el segundo, el Abierto de Estados Unidos, sin haberse enfrentado en ninguno de los dos ni al italiano ni al español.
La larga baja de Alcaraz, entre abril y agosto, y la de Sinner, apartado desde su título en Wimbledon, han ofrecido al alemán una ocasión de oro para hacerse por primera vez con la cima del circuito mundial masculino.
- Acusaciones -
Fuera de las pistas, el tenista fue acusado de violencia doméstica por su exnovia Brenda Patea, madre de una hija en común, por la que Zverev fue condenado en 2023 a una multa de 450.000 euros (500.100 dólares).
Zverev recurrió y alcanzó un acuerdo en junio de 2024 con Brenda Patea para poner fin al caso.
Tres años antes, en octubre de 2020, otra exnovia, la jugadora Olga Sharypova, le acusó de haberla sometido a varios episodios de violencia física y psicológica durante su relación.
Zverev siempre negó los hechos y tomó acciones judiciales contra Sharypova y contra el periodista estadounidense que difundió las acusaciones.
Gran aficionado del Bayern Munich, Zverev ha amasado un palmarés a la altura del club bávaro.
Además de los dos Grand Slam conquistados este 2026 (Roland Garros y Abierto de Estados Unidos), cuenta con una medalla de oro olímpica (París 2024), dos Masters de fin de año (2018 y 2021) y siete Masters 1000, la segunda categoría de torneos más prestigiosa del circuito.
Hasta este 2026, al coloso alemán le pesaba la etiqueta de ser el mejor jugador de la historia sin haber ganado todavía un título de Grand Slam.
Luego de su tercera derrota en una final de Grand Slam, contra Sinner en el Abierto de Australia 2025, las dudas se instalaron en Zverev, cuya carrera se había frenado de golpe en 2022 por un desgarro de varios ligamentos de su tobillo derecho cuando iba ganando a Rafael Nadal en semifinales de Roland Garros.
"No soy lo suficientemente bueno, es tan simple como eso", suspiró el alemán tras su derrota contra Sinner en Australia.
"No sé si un día seré capaz de levantar el trofeo", se lamentaba entonces.
- Adicto a la pista -
Conocido por sus cualidades defensivas, el alemán ha tratado de desarrollar un tenis más agresivo en 2026.
"Gané mi primer Grand Slam en París, alcancé mi primera final en Wimbledon, eso quiere decir que hay algo que va bien", celebraba a mediados de julio, tras perder la final del torneo londinense contra Sinner.
Diabético desde los tres años y medio, Zverev tiene reputación de ser un adicto al trabajo, que se inflige sesiones de trabajo físico incluso después de sus grandes éxitos.
"Cuando Sascha era joven era muy difícil para él irse de la pista después del entrenamiento", contaba su padre y entrenador en febrero de 2025.
"Empezaba a llorar y pedía seguir jugando. Todavía hoy, cuando termina un partido a las 23h30 o medianoche, pide a los organizadores del torneo que le dejen jugar todavía 30 o 40 minutos después del partido".