Deportes

Las preguntas en torno a los test genéticos de feminidad recuperados por el COI

26 de marzo de 2026

Puestos en marcha en los Juegos Olímpicos entre 1968 y 1996, y abandonados en 1999, los test genéticos de feminidad, recuperados el jueves por el Comité Olímpico Internacional (COI) a partir de los Juegos Olímpicos 2028, originan preguntas prácticas, legales, éticas y científicas.

- ¿En qué consisten? -

Presentado por el COI como "el método más preciso y menos invasivo", la detección del gen SRY puede hacerse mediante una simple prueba PCR, con un hisopo que raspa el interior de la mejilla.

Ya instauradas el año pasado en atletismo, boxeo y esquí, "estas pruebas dependen en la práctica de cada contexto nacional", por ejemplo para incluir o no a las menores y definir el marco legal, subraya Madeleine Pape, socióloga del deporte en la Universidad de Lausana.

- ¿Qué consecuencias tiene para las deportistas? -

Quienes tienen dos cromosomas X podrán competir y ya no tendrán que presentar una nueva prueba durante el resto de su carrera deportiva. Pero para las deportistas positivas al test SRY se presentan dos escenarios.

Algunas podrán demostrar que su cuerpo no sabe utilizar en absoluto la testosterona: eso fue lo que sucedió con los ocho casos "SRY" detectados en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996, finalmente declarados elegibles, y más recientemente con la boxeadora taiwanesa Lin Yu-ting, readmitida en apelación por World Boxing.

Sin embargo, embarcarse en esta batalla requiere acceso a investigaciones costosas y complejas, como un secuenciamiento genético, o un examen ginecológico invasivo y no estandarizado.

Las demás podrán, según el COI, pasarse a las pruebas masculinas, aunque no en los Juegos Olímpicos, ya que no se habrán clasificado para ellos. Una perspectiva que parece hipotética, puesto que las atletas intersexuales afectadas por las normativas de las últimas décadas se han visto obligadas a poner fin a su carrera, sufriendo pérdida de ingresos y vergüenza social: "Nuestros sueños se han roto y nuestras vidas han quedado para siempre impactadas", escribían el miércoles nueve de ellas, entre ellas la sudafricana Caster Semenya, a la presidenta del COI, Kirsty Coventry.

"Algunas de nosotras hemos sido abandonadas por miembros de nuestra propia familia, hemos perdido la posibilidad de recibir una educación y hemos tenido que abandonar nuestro país de origen"; otras, además, se han visto obligadas a someterse a "intervenciones médicas nocivas e innecesarias", como mutilaciones genitales documentadas en 2019 por la cadena alemana ARD.

- ¿Son deportivamente pertinentes estas pruebas? -

La política anterior del COI, que databa de 2021, dejaba que cada federación internacional fijara sus propias normas, pero les ordenaba basarse en datos, sin "presuponer" que la intersexualidad o la transidentidad otorgaban necesariamente una "ventaja competitiva desproporcionada".

El organismo olímpico afirma ahora basarse en "pruebas científicas", que no hace públicas, así como en "numerosos expertos" que tampoco son identificados.

Sin embargo, en la literatura científica, que lleva décadas interesándose por este tema, no se ha alcanzado ningún consenso que vincule el rendimiento deportivo con el hecho de tener un gen SRY, y menos aún en deportes tan diferentes como el atletismo de velocidad, la gimnasia artística, el judo o el tiro.

"El interés de estas pruebas para los organismos deportivos es 'apuntar' conjuntamente a deportistas transgénero e intersexuales, poniendo fin a las normativas diferenciadas", señala Madeleine Pape. "Pero si bien hay algunos datos sobre las deportistas trans, no existe ningún estudio independiente sobre el rendimiento de las atletas intersexuales".

Más allá del debate deportivo, la propia idea de que el sexo biológico esté completamente definido por los cromosomas es "exageradamente simplista", dado el papel que desempeñan las "hormonas, los órganos genitales y los caracteres sexuales secundarios", lamentaba el año pasado el genetista Andrew Sinclair, descubridor del gen SRY.

"Junto con muchos otros expertos, convencí al COI de que abandonara el uso del test SRY antes de los Juegos Olímpicos de Sídney 2000. Por eso resulta muy sorprendente ver, 25 años después, un intento desacertado de reintroducirlo", escribía.

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