¿Adiós apagones?
Un país se mide por lo que ocurre cuando falla lo esencial. Panamá lo comprobó la noche del sábado 12 de septiembre: la salida súbita de la Generadora Gatún, unos 600 megavatios, dejó a oscuras a más de 375 mil clientes en Panamá, Panamá Oeste y Coclé, y no fue la primera vez; tampoco será la última si no se toman medidas correctivas.
Cuando se va la luz, se detienen las líneas del Metro y miles de pasajeros quedan atrapados; los turistas que llega a Tocumen, principal centro de conexiones de la región, se encuentran con una ciudad a oscuras. En los hogares, la comida congelada se echa a perder en la refrigeradora y, cuando la energía regresa con fluctuaciones de voltaje, se queman los electrodomésticos sin protección. Un apagón no es una molestia pasajera: paraliza la movilidad, la puerta de entrada del país y la vida e ingresos de miles de familias.
La matriz eléctrica, entonces, no es un tema de especialistas: es decidir si Panamá funciona cuando algo falla.
Y el clima también juega en contra. Los pronósticos de un El Niño potencialmente muy fuerte anticipan menos lluvia, embalses más bajos y menos hidroelectricidad. Depender de un solo recurso ya no es una opción.
La primera respuesta está en el sol y el viento. Panamá tiene sol abundante y viento aprovechable, sobre todo en la estación seca, justo cuando el agua escasea. Hoy son la manera más barata de agregar energía nueva, y cada megavatio reduce la exposición a la sequía y a los combustibles importados.
Pero las renovables son variables. La solar desaparece al anochecer, cuando la demanda alcanza su máximo, y el viento no siempre acompaña. Apostar solo a ellas es apostar a que el clima coopere. Y el clima no firma contratos.
Ahí entra el gas natural. Las plantas a gas arrancan con rapidez y sostienen la red cuando el sol y el viento no alcanzan. No se trata de hacer del gas la base del sistema, sino el seguro de firmeza que permite crecer en renovables. Gatún deja una lección adicional: concentrar 600 megavatios en una sola planta es un riesgo, y la firmeza debe repartirse entre varias unidades y reservas que respondan en segundos.
La fórmula es clara: renovables hibridadas con bancos de baterías para abaratar y limpiar la matriz; gas con respaldo de baterías para la potencia firme; y, nuevamente, baterías para trasladar energía entre horas y responder en segundos. Juntas resisten tanto la sequía como el anochecer.
Lo que falta no es tecnología, sino decisiones. Las licitaciones de potencia y energía de 2027 deberían contratar capacidad firme hibrida (eólica y solar, con baterías) para enfrentar la horas criticas, y evaluar no solo el precio, sino la disponibilidad y la velocidad de respuesta en caso como el de Gatún. Hace falta, además, previsibilidad regulatoria: reglas claras de conexión y remuneración por potencia; la incertidumbre la paga el usuario en su factura.
Panamá ya conoció sus vulnerabilidades a oscuras; no puede seguir descubriéndolas apagón tras apagón.