La humildad extrema: el lavatorio de pies
En mi natal isla de Bocas del Toro el Obispo se inclinaba y le lavaba los pies a 12 reos el Jueves Santo, como un recordatorio de que el verdadero liderazgo no reside en el poder, sino en el servicio. Un llamado a la empatía y a reconocer la dignidad en el otro, sin importar su condición. Fue Jesucristo quien lo realizó a sus apósteles durante la Última Cena. El acto del lavado de los pies, conocido litúrgicamente como el Mandatum, es uno de los símbolos más potentes de humildad y servicio en la tradición cristiana. El lavado de los pies en la época de Jesús era una tarea reservada exclusivamente a los esclavos no judíos o a los sirvientes de menor rango. Históricamente, algunos monarcas europeos realizaban este acto con personas en situación de pobreza para demostrar su sumisión a Dios. En la actualidad, la tradición se mantiene. El Papa en el Vaticano, en prisiones o centros de refugiados, lava los pies a doce personas. En las parroquias de todo el mundo, realizan este gesto con miembros de la comunidad durante la misa del Jueves Santo. El arzobispo de Panamá o los Obispos en sus respectivas diócesis se trasladan al Centro Femenino de Rehabilitación o el Centro Penitenciario La Joya/La Joyita a lavar los pies de 12 privados de libertad, la Iglesia panameña replican el gesto de Jesús, no con figuras de autoridad, sino con quienes la sociedad suele marginar. El gesto representa una segunda oportunidad y arrepentimiento. Es un mensaje directo de que, ante la fe, nadie es invisible ni está “perdido” definitivamente. * Periodista.