Opinión

La Procesión del Silencio

01 de abril de 2026

Uno de los actos colectivos religiosos de la Semana Santa que siempre llevó en el recuerdo, es la Procesión del Silencio, que vi por primera vez en la ciudad de Colón, en la que los participantes caminan con ropajes oscuros o camisas blancas, la iluminación proviene mayoritariamente de velas encendidas, cirios y antorchas, y manteniendo un silencio sobrecogedor y rigor absoluto. La singularidad es que solo se permiten hombres, mientas las mujeres los acompañan de desde los balcones o las aceras. Observan el paso de los penitentes y en un silencio respetuoso, muchas veces vestidas de luto. Son las encargadas de mantener el ambiente de recogimiento mientras los hombres cargan las andas. El rol exclusivo de los varones a diferencia de otros países donde la participación es mixta, en esta procesión panameña, los hombres son quienes asumen el papel de penitentes. Esta exclusividad masculina tiene una raíz histórica y simbólica: representa a los hombres que, tras la crucifixión, se quedaron para custodiar el cuerpo de Jesús o para acompañar el entierro. Es visto como un acto de caballerosidad espiritual y respeto hacia la figura de Cristo yacente. En la Ciudad de Panamá, la que se realiza en el Casco Antiguo, partiendo de la Iglesia de la Merced, la atmósfera es sobrecogedora. Las luces de las calles se apagan y solo quedan las llamas de los cirios. El único sonido que suele escucharse es el de las cadenas que algunos penitentes arrastran o el golpe seco de las maderas de las andas. Es un evento que resalta mucho la solemnidad y la disciplina de las cofradías masculinas en Panamá, manteniendo viva una tradición que se ha pasado de generación en generación en las parroquias del centro histórico de la capital panameña.

* El autor es comunicador social.

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