Opinión

Panamá ante la Inteligencia Artificial: una estrategia que aún debe madurar

16 de septiembre de 2026

Panamá ha dado un paso necesario al aprobar su Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial, el documento tiene una virtud que conviene reconocer: entiende que la inteligencia artificial no es solamente una herramienta tecnológica, sino una infraestructura de desarrollo que toca educación, datos, conectividad, energía, inversión, gobierno y competitividad.

La estrategia acierta también al identificar oportunidades razonables para el país. Panamá puede aprovechar su posición logística, su conectividad internacional, su plataforma de servicios y su capacidad para atraer inversión, la formación de talento, la modernización institucional y la aplicación de inteligencia artificial en sectores productivos pueden abrir espacios de crecimiento que hoy apenas comienzan a dibujarse.

Pero una estrategia pública no debe medirse por la amplitud de sus aspiraciones, sino por la precisión de sus compromisos, y allí aparece su principal debilidad, el documento enumera objetivos, instituciones, mecanismos y áreas prioritarias, pero deja abiertas preguntas esenciales sobre financiamiento, responsabilidades, plazos verificables y consecuencias frente al incumplimiento.

También resulta insuficiente el desarrollo de garantías concretas para las personas frente a decisiones automatizadas, se habla de ética, seguridad, gobernanza y protección de datos, pero todavía falta traducir esos principios en derechos exigibles, procedimientos claros y responsabilidades definidas.

El documento, por tanto, es un buen punto de partida, no un punto de llegada, su verdadero valor dependerá de lo que ocurra después: leyes, reglamentos, presupuesto, instituciones capaces y evaluación pública de resultados.

La inteligencia artificial exige visión; pero, sobre todo, exige ejecución.

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