Opinión

Panamá, que tiemble también nuestra conciencia dormida

28 de octubre de 2026

El sismo que sacudió Panamá dejó una pregunta que ninguna réplica debería silenciar: ¿qué cambiaremos cuando pase el miedo? Los reportes sobre daños en viviendas e infraestructura obligan a mirar más allá del movimiento de la tierra.

Durante unos segundos, los títulos, el dinero y las diferencias perdieron importancia. Frente a la incertidumbre, todos necesitamos lo mismo: protección, información y alguien que nos tienda la mano. Esa vulnerabilidad compartida debería enseñarnos a vivir con mayor humanidad.

Pero el verdadero examen comienza después. La solidaridad no puede terminar cuando desaparecen las imágenes de las noticias. Tampoco basta pronunciar discursos conmovedores si dejamos solas a las familias afectadas. Reconstruir exige presencia, transparencia y compromiso; no oportunismo político ni fotografías para alimentar vanidades.

Como país, debemos preguntarnos cuánto valoramos la prevención cuando todavía no sentimos miedo. Exigir construcciones seguras, instituciones responsables y comunidades preparadas no debería parecer exagerado. La vida merece más atención que cualquier cálculo electoral.

Panamá: no permitamos que esta experiencia termine convertida en una anécdota. Escuchemos a quienes necesitan ayuda y vigilemos cómo se responde. Que el suelo haya temblado nos recuerde nuestra fragilidad; que nuestra respuesta demuestre nuestra grandeza. Porque levantar paredes importa, pero levantar un país más humano resulta indispensable.

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