Trastornos por consumo de drogas
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha advertido recientemente que los trastornos por consumo de drogas se han convertido en una preocupación creciente de salud pública en las Américas. Lejos de tratarse únicamente de un problema de seguridad o de orden público, la OPS subraya que estamos frente a una crisis sanitaria prevenible y tratable, con impactos profundos en la mortalidad, la discapacidad, la salud mental y la cohesión social.
En términos comparativos, Panamá no se encuentra entre los países con mayores tasas de consumo o mortalidad por drogas en la región. Sin embargo, esta aparente “ventaja” puede resultar engañosa. El propio contexto nacional revela señales de alerta que no deben subestimarse.
Trastornos por consumo de drogas
De acuerdo con la nota de prensa de la OPS publicada el 14 de enero de 2026, millones de personas en la región viven con algún trastorno por consumo de drogas, y decenas de miles mueren cada año por causas directamente atribuibles, como sobredosis, enfermedades hepáticas, trastornos cardiovasculares y suicidio. La situación es particularmente grave en relación con los opioides, incluidos los sintéticos, que concentran la mayor parte de las muertes relacionadas con drogas en el continente .
Problema de salud pública, no solo de drogas
Uno de los mensajes centrales de la OPS es que estos trastornos no deben abordarse únicamente desde el enfoque penal, sino como parte integral de las políticas de salud pública. El consumo problemático de drogas suele coexistir con depresión, ansiedad, violencia, exclusión social y pobreza, lo que exige respuestas integrales, continuas y basadas en evidencia.
La OPS insiste en que los trastornos por consumo de drogas son prevenibles y tratables, siempre que los sistemas de salud cuenten con servicios accesibles, personal capacitado, integración con la atención primaria y políticas que reduzcan el estigma. La experiencia internacional demuestra que criminalizar el consumo sin ofrecer tratamiento adecuado no solo es ineficaz, sino que agrava la exclusión y dificulta la recuperación.
¿Dónde queda Panamá en este escenario?
En términos comparativos _como señalé al inicio_, Panamá no se encuentra entre los países con mayores tasas de consumo o mortalidad por drogas en la región. Sin embargo, esta aparente “ventaja” puede resultar engañosa. El propio contexto nacional revela señales de alerta que no deben subestimarse.
En Panamá, el consumo de sustancias ilícitas se concentra principalmente en hombres jóvenes, especialmente en edades productivas. A esto se suma un consumo perjudicial de alcohol y tabaco, sustancias legales que, aunque a menudo quedan fuera del debate sobre drogas, generan una carga de enfermedad mucho mayor y actúan como puerta de entrada a otros consumos problemáticos.
Además, la ubicación geográfica del país —clave en las rutas internacionales del narcotráfico— expone a la población a mayor disponibilidad de sustancias, incluidas drogas sintéticas, cuyo impacto sanitario suele ser más severo y menos predecible. Aunque el consumo interno no sea masivo, la experiencia regional demuestra que la disponibilidad sostenida termina traduciéndose en mayor riesgo, especialmente en contextos de desigualdad social y fragilidad institucional.
* El autor es médico. ** Fragmento del texto tomado en el sitio web: https://elblogdejorgeprosperi.com