Opinión

Un movimiento estudiantil amordazado

12 de junio de 2026

Criticar una administración no es criticar una universidad. Por el contrario, la crítica responsable fortalece las instituciones y las acerca a los principios para los que fueron creadas.

A lo largo de la historia, los movimientos estudiantiles han representado la conciencia crítica de las comunidades académicas, recordando que la educación superior debe responder al interés colectivo y no a intereses particulares.

Su papel es velar por la transparencia, la calidad educativa y el bienestar de todos los estudiantes. Resulta preocupante cuando la participación estudiantil pierde autonomía o cuando decisiones trascendentales para la universidad se toman sin la debida consulta a quienes constituyen su razón de ser: los estudiantes.

La creación de programas académicos, la planificación institucional y la selección del personal docente deben sustentarse en criterios técnicos, estudios rigurosos y necesidades reales, garantizando siempre la excelencia en la docencia, la investigación y la extensión. Asimismo, toda universidad pública está llamada a actuar con transparencia y meritocracia.

Cuando surgen dudas sobre procesos administrativos o académicos, estas deben ser atendidas con apertura, rendición de cuentas y respeto por la diversidad de opiniones. Hoy más que nunca, la comunidad estudiantil debe permanecer unida, vigilante y comprometida con los valores que sostienen la educación superior.

La libertad de pensamiento, la libertad de expresión y la participación democrática no son concesiones; son pilares esenciales para construir una universidad más justa, plural y orientada al bien común. Defender estos principios es, en última instancia, defender el futuro de la universidad.

* Licenciado en Ciencias de la Enfermería, presidente electo del CEU (Consejo Estudiantil Universitario) y FCMC (Facultad de Ciencias Médicas y Clínicas).

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